La Mina merece protección

Por si le interesa. «No se trata de pisotear los legítimos derechos de la heredad a hacer uso de sus aguas, sino de hacerlos compatibles con la protección de la naturaleza y de este barranco». Gaumet Florido

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

Esta semana un juzgado de la capital condenó a Honorio Galindo, líder de un combativo grupo ecologista de Gran Canaria, Turcón, por haber actuado a la desesperada y haber roto los barrotes que apresaban el agua que da vida a uno de los cauces más espectaculares que le quedan a esta isla castigada por la especulación y la desertización, el barranco de La Mina. Causó daños a la infraestructura de riego de la Heredad de Aguas de Las Palmas, Dragonal, Bucio y Briviesca y esta le denunció.

Asumió la culpa y lo hizo con la cabeza alta. Le costará caro. Una multa para la que no dispone de capital. Pero trató de justificar su acción. Dijo que lo hacía por un bien común por el que ni instituciones ni jueces ni fiscales han movido un dedo. El barranco se seca. Ya no tiene agua. Y un patrimonio natural único está en peligro de muerte segura.

En eso nadie le puede quitar la razón. Mientras que Honorio levantó la mano para decir sí, fui yo, no me quedó otra, instituciones como el Cabildo llevan años poniéndose de perfil, haciendo caso omiso a los escritos que le llegan de particulares o colectivos. Y no lo entiendo. No quiero creerme que tenga que ver con lo que dice el alcalde de San Mateo, Antonio Ortega, con las acciones que la administración insular tiene en esa histórica heredad.

Prefiero pensar que está distraído en el Siam Park, en el Acuario, o en la hidroeléctrica Chira-Soria, porque me costaría creer que en ese modelo de Ecoisla que tanto reivindica este gobierno insular no tenga encaje la conservación de La Mina. Y, ojo, no se trata de pisotear los legítimos derechos de la heredad a hacer uso de sus aguas, sino de hacerlos compatibles con la protección de la naturaleza y de este barranco. Al Cabildo le sobra peso institucional para mediar en el conflicto. Lo que le falta es interés.