La juez y el plumaje

Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

Hace unas semanas se podía ver en Adams Morgan, barrio de Washington, un cartel animando a ponerse mascarilla. Había una foto de la juez Ruth Bader Ginsburg. Se leía: «RBG vive a menos de cinco millas de aquí. Si no quieres llevar una mascarilla para proteger a tus amigos y a tu familia, hazlo para proteger a RBG». La queridísima y progresista RBG es un ídolo pop. ¿Pero a quién no le va a gustar la juez Bader? Lo digo como Encarnita: ¿a quién no le va a gustar un baptisterio romano del siglo primero antes de Cristo? Hasta Olivia Benson adora a RBG. Mariska Hargitay buscó inspiración para la detective de 'Ley y Orden: Unidad de Víctimas Especiales' cuando la hicieron teniente y puso la foto de la juez del Tribunal Supremo. Luego, el propio hijo de Mariska le regaló el muñequito que se ve en su despacho de capitán.

El otro día hospitalizaron a la juez del Supremo por una infección y corrió el miedo. Ya saben que, aparte de la simpatía que despierta el personaje, es uno de los cuatro miembros progresistas del alto tribunal y en cuanto muera, Trump nombrará un magistrado conservador. Pero con lo bien que habla RBG de Sandra Day O'Connor, primera mujer en llegar al TS gracias al nombramiento de Reagan y, por tanto, conservadora, tampoco tiene por qué venir ninguna catástrofe (en España, albricias, estamos en 2020 a punto de tener la primera mujer presidiendo una sala del Supremo). RBG anda a los 87 años con el cuarto cáncer. Dice que seguirá en su puesto mientras sea capaz de hacerlo a la perfección y que sigue siendo capaz. ¿Recuerdan la actuación ya mayor de la bailarina Zizi Jeanmaire, que acaba de morir a los 96, moviendo el culo y el plumaje? Eso es lo que sigue haciendo RBG.