Por si le interesa

...y seguimos siendo España

08/01/2020

Gaumet Florido

Ya está. Ayer se consumó la tragedia que barruntaban Abascal, Casado y Arrimadas. Las fuerzas arribistas que destruirán España han llegado al poder. Ahora nos gobernarán socialistas radicales, comunistas, filoterroristas y demonios varios. Ironías aparte, tanto histrionismo, sentido o impostado, resultaría hasta entretenido si no fuera por los riesgos que entraña de cara a una sociedad cada vez más polarizada e intransigente con el que opina diferente.

Quizás la España que refleja este gobierno de coalición (...) responde mucho mejor a la realidad de un país, que, por otra parte, siempre ha sido diverso y plural

Muy al contrario de lo que escenificaron los que estos días invocaron a los dioses frente a esta supuesta barbarie, hoy España sigue siendo España. Es obvio, muy obvio, pero dado el escenario catastrofista que han aventurado, no está de más recordarlo. Y es que resulta que el que asumirá la presidencia del Gobierno central, Pedro Sánchez, fue elegido ayer por el Parlamento, en estricto cumplimiento de lo que dispone la Constitución, y por el voto a viva voz e individual de diputados elegidos en unas elecciones democráticas y supervisadas por la ley y por los propios partidos. ¿Dónde está entonces la trampa?

Una democracia no solo es el imperio de la ley, la soberanía popular y la separación de poderes. También es aún más democracia si hay alternancia en el poder. En otras etapas gobernaron los conservadores. Ahora le toca a las fuerzas de izquierda. ¿Le deslegitima que se apoye en independentistas? Es que también son España, guste o no guste, y a mí, ya les digo, no me gustan. Desprenden un tufo supremacista que me repele, pero mientras no recurran a la violencia, sus ideas son tan legítimas como la suya o la mía.

Es más, y dados estos mimbres, quizás la España que refleja este gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, necesitado además del apoyo de un muy heterogéneo grupo de socios políticos, responde mucho mejor a la realidad de un país, que, por otra parte, siempre ha sido diverso y plural. Aquella España una, grande y libre de los tiempos de la Dictadura no solo era una gran mentira, sino una imposición alimentada por la represión y la censura.

¿Con qué legitimidad algunos se arrogan el derecho a repartir carnés de español? ¿O se adueñan de la bandera, o de lo que representa la Jefatura del Estado? Lo que tenemos que recuperar es el espíritu de convivencia y de respeto, por parte de unos y de otros, de las derechas, pero también de independentistas catalanes y vascos, instalados en la confrontación y en la falta de respeto a las instituciones. Por eso comparto la apelación de Íñigo Errejón al tendido de puentes, a la supresión de la política de bloques que paró al país y al fin de la exaltación del odio al otro. Y eso pasa por reconocer que este Gobierno, guste o no, es tan legítimo como todos los que han pasado en democracia. Merece una oportunidad. Por mí la tiene.