El ministro Escrivá, tras el Consejo de Ministros. / EFE

A vueltas con la jubilación

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

No es la primera vez que el resto del mundo malinterpreta las palabras del ministro Escrivá. O que los periodistas le sacan las frases de contexto. A lo mejor es él quien no se explica del todo bien. Lo cierto es que el responsable de Inclusión y Seguridad Social en el gobierno de Pedro Sánchez la ha vuelto a liar advirtiendo de que hace falta un cambio cultural en España «para seguir la tendencia europea de trabajar cada vez más entre los 55 y los 70 o 75 años».

La reacción no se ha hecho esperar. Dicho así, da la sensación de que aboga por extender la jubilación de los 67 a los 75. Lo dijera o no con esa intención, sería bueno que empezara a reflexionar sobre la necesidad de medir sus palabras a la hora de hablar de ciertos temas. Genera una alarma social innecesaria en un momento histórico que es, además, especialmente duro para los que transitan por esas edades laborales.

Inquieta primero a los que tienen la suerte de estar trabajando. Es normal que ansíen su derecho a un merecido descanso a una edad que les permita cierta calidad de vida. Pero segundo, y a mí me parece mucho peor, solivianta a los que no tienen trabajo. Resulta ofensivo que el ministro sugiera algo así cuando le consta el drama de muchos españoles que se ven directamente expulsados del mercado laboral desde mucho antes.

Hoy en día es casi imposible encontrar trabajo a partir de los 50, así que se hace doloroso que un ministro quiera alargar esa tortura a los afectados. Otra cosa bien distinta es lo que dijo después, que quiso aludir a la conveniencia de no echar del mercado laboral a aquellas personas de esas edades que quieran seguir y estén a pleno rendimiento, pero debería ser a mi juicio una opción excepcional y muy muy voluntaria.