Lunes en África

Vuelos

18/12/2017

Los alardes navideños aportan gestos conmovedores. Tal vez por la importancia de las inminentes elecciones catalanas, acaso por la sonoridad de las bolas de la suerte, lo cierto es que ha pasado desapercibido el esfuerzo que el muy señor ministro de Fomento hace durante estas semanas para ir a su trabajo, y el ejemplo que supone para miles de canarios tan abnegado ejercicio.

A este experto le reclamó el senador Julio Cruz el otro día algún sistema que abarate el coste de los billetes aéreos entre la península y los territorios de ultramar. Ya sabrán ustedes que los traslados entre las islas y los centros del reino resultan, más que prohibitivos, insultantes para cualquier canario, sin exclusiones de otros territorios. La respuesta está escrita en los anales del cámara: “Ya me hubiera gustado a mí encontrar el domingo, desde Santander, un vuelo para llegar aquí, a Madrid, más barato de los 400 euros”.

Lo dijo así, poniéndose de ejemplo, con la picardía suficiente para insinuar que ese billete lo paga de su bolsillo, cueste lo que cueste, porque su sentido de la responsabilidad es a sí de alto. Todo por la patria. Que lo hace por defender su país, como si no cargarse todas las semanas la factura al presupuesto del Estado. Pájaros de estos, vividores de apariencias, conocemos de sobra en la insular miseria. Siempre a favor de viento cuando vuelan por cuenta ajena. Si no llora, no mama.

La anécdota no queda ahí. Se permitió el detalle su señoría de recordar lo bien que funcionan los aviones con Canarias, y por eso se han movido 40 millones de pasajeros en los últimos cinco años. Como si fuese lo mismo ser turista que vecino. Como si fuese igual llevar el niño al médico que tumbarse en la playa. Otro año termina, y seguimos sin saber por cuánto tiempo tendremos que soportar totorotas de tal calaña.