Colada volcánica en el barrio de Todoque / / EFE

Volver a La Palma

Los palmeros han de participar en las decisiones que determinen el futuro del nuevo paisaje que nace

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Los fenómenos naturales cambian el paisaje y, en consecuencia, el ánimo, porque, no en vano, aquel es un elemento primordial en la conformación de identidad de todo pueblo y, por supuesto, de toda persona. Cómo no entender, entonces, la magnitud del drama que está soportando el pueblo palmero que además de sufrir la pérdida de sus bienes materiales padece la alteración de un entorno que lo ha moldeado, un territorio con el que ha creado vínculos y que ahora desaparece por la fuerza del volcán que altera y hasta puede borrar las relaciones sociales y afectivas, eliminando pertenencias y recuerdos. Lo decía esta semana el presidente de Cruz Roja en Canarias, Antonio Rico, «es una catástrofe que deteriora la convivencia porque interrumpe la vida normal y ello crea secuelas sicológicas y emocionales». Hay drama, no espectáculo.

Por mucho que a lo largo de los tiempos nuestra relación con el medio haya sido de indiferencia e, incluso, hayamos permanecido pasivos e insensibles a las muchas alteraciones y degradaciones que ha sufrido el territorio por obra humana, no podemos enajenarnos de él porque en el hemos crecido.

Algunos se han sentido subyugados por el 'espectáculo' del volcán, a decir verdad todas las catástrofes naturales, las fuerzas naturales, la naturaleza en sí misma, son un espectáculo, pero han ignorado que hay cosas bellas que son muy tristes y esta es una de ellas. Ahí están los miles de desalojados, las tierras de cultivos y centenares de casas destruidas, el «todo perdido» de muchos, la incertidumbre que no cesa.

Ezequiel Perdigón compuso 'Isla mía', un deliciosa canción que interpretaba magistralmente el grupo palmero Los Viejos, que incluso ha sido propuesta como himno de la Isla Bonita. Que su primera estrofa: «Ese mar que me aleja de ti, no consigue que pueda olvidar, que La Palma es la isla mía, donde yo aprendí a soñar», sirva para proclamar que «yo quisiera volver a La Palma» como abrazo y compromiso perdurable con una gente que está forzada a establecer una nueva relación con su alterado territorio, por eso hay que exigir la rápida ejecución de las ayudas que tienen que llegar, lo ocurrido con los damnificados en el terremoto de Lorca nos obliga a estar expectantes, y también reclamar que tienen todo el derecho a participar en todas las decisiones que determinen el futuro de ese nuevo paisaje que está naciendo tras el volcán, porque ese territorio les pertenece.