Niños juegan en la calle el día de Reyes de 1971 en San Bartolomé de Tirajana. / Joseph William Hirman

Vidas en papel

«La nostalgia es mentirosa. Y tan tramposa que te hace añorar hasta los tiempos que no has vivido»

David Ojeda
DAVID OJEDA

Me cuesta describir con precisión la excitación que siento cuando llega la semana de Reyes. Es una alteración, como casi todo en mi vida, nostálgica. Una carrera de relevos por los recuerdos que componen mi relato emocional. Tiene poco que ver con los regalos que están por llegar. O con los que quedan por hacer. Es algo más íntimo, aunque ahora quede aquí expuesto sin pudor. Estos días vuelvo a las casas de mi infancia como uno de esos policías asociales que abundan en la ficción. Abro indiscriminadamente todos los cajones cuando nadie me ve, reviso una vez más las fotos antiguas que testimonian un pasado sin conexiones virtuales. Me emociono hasta las lágrimas con ese retrato en blanco y negro de Antonio y Juana, mis abuelos, que describe otra forma de vivir. Más austera, menos expansiva. No sé si mejor.

Y eso colisiona violentamente con este presente frenético y socialmente hiperactivo. Que llena nuestras bandejas de entrada con felicitaciones de personas de las que rara vez volveremos a saber durante el año. Y nuestras agendas de encuentros para brindar de los que sí apetecen. Tampoco sé si es un tiempo peor. Seguro que no.

Solo sé que me encantaría volver a vivir, aunque solo fuera por un instante, una de esas vidas impresas en papel. Detener el tiempo y poder subirme al capó del Morris de mi abuelo, como cuando cada minuto parecía tener un valor imposible de devaluar. La nostalgia es mentirosa. Y tan tramposa que te hace hasta añorar los tiempos que no has vivido (algo normal si eres seguidor de la Unión Deportiva). Idealizar el tiempo que nos precede, aunque, como en el caso de mis abuelos, sea el del hambre y la posguerra. Pero permítanme vivir en el anhelo de unos años en los que todo parecía ir más despacio y no estábamos sometidos a tanto tribunal de la moralidad. A tanta opinión crispada.