Las urnas catalanas

Si después del 14F se produce un tripartito no será como el de Pasqual Maragall (2003-2006) y José Montilla (2006-2010)

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL

Asistimos a un punto de inflexión política y mediática al amparo de la crisis sistémica de la Segunda Restauración. Y que, junto a la Gran Recesión de 2008 y la crisis actual, se condensa de la siguiente manera: Catalunya no tiene suficiente fuerza para independizarse unilateralmente pero sí dispone de la suficiente para bloquear el sistema político estatal. Sin Catalunya, sin esa pieza en el puzle de la gobernabilidad, en Madrid nada funciona: se repiten los comicios generales, no se aprueban los Presupuestos, no se renuevan los órganos constitucionales, no hay acción legislativa que queda suplantada por los decretos-leyes… Solo la suma del soberanismo catalán (ERC y, al inicio, JxCat) permitió que la moción de censura de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy triunfara y luego que ahora cumpla un año el Gobierno de coalición de izquierdas.

Tradicionalmente, y resumiendo, en Catalunya los lectores de 'El Periódico' votaban al PSC y los de 'La Vanguardia' a CiU. El espacio sociopolítico (línea editorial y comportamiento electoral) funciona así. El 'pujolismo' fue imprescindible para que el bipartidismo imperfecto operase de manera razonable. Cuando el PSOE o el PP no cosechaban mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, CiU entraba en la negociación y se rubricaba un acuerdo. Sin embargo, estas premisas no solo se han roto sino que difícilmente retornarán. Por eso las encuestas que ambas cabeceras han publicado en los últimos días a cuenta del 14F, son evidente señal de ese rebumbio. Las dos vislumbran el tripartito de izquierdas, las dos relegan al espacio posconvergente. Sánchez necesita de Catalunya para afianzarse en La Moncloa un segundo mandato, de ahí la trascendencia del 14F. Asimismo, Podemos tendrá que sopesar su hoja de ruta si sufre otro chasco inminente, que agravaría la erosión tras la debacle gallega y el retroceso en Euskadi el verano pasado. Ser el socio secundario sale muy caro. Y tampoco el margen de maniobra es indefinido.

El respaldo socialdemócrata y catalanista es clave para el 'sanchismo'. Recordemos que en Madrid también 'El País' cambió de director para retomar las esencias pretéritas entre el Grupo Prisa y el PSOE. Entonces ya Rajoy había sido desahuciado políticamente y Sánchez estaba en el poder pendiente de consolidarse pues en 2019 habría varios procesos electorales (estatal, autonómicos, locales y europeos) y una repetición inesperada, la del 10N.

Si después del 14F se produce un tripartito no será como el de Pasqual Maragall (2003-2006) y José Montilla (2006-2010). Por el contrario, la Presidencia recaería en ERC. Ahora bien, tendrá antes que superar a JxCat y, a la vez, optar por no reeditar la fórmula actual con los de Carles Puigdemont. Demasiados pasos a completar para que, de repente, la dinámica política y mediática que reinó en Catalunya durante décadas (y sus relaciones con Madrid) se restablezcan y, de hacerse, no será igual que antes. En la cita con las urnas catalanas se personifica el cruce de intereses y, al fin, la inestabilidad creciente que azuza a la política.