Letras y alisios

Una carrera de fondo

23/08/2019
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Por tierra estos últimos días nuestra isla se ha visto afectada por un gran incendio que dio lugar a la evacuación de 10.000 personas. Diferentes municipios se vieron afectados por las llamas que obligaron a sus lugareños a dejar sus hogares. Un fuego que arrasaba con todo y que, por un momento, parecía no dar tregua. Ahora la situación está mucho mejor y después de tanta frustración no puedo dejar de agradecer a todos los que han colaborado y ayudado. Sin embargo, lo peor es que desgraciadamente no somos los únicos. Brasil vive la peor oleada de incendios de estos años. Entre el 1 de enero y el 18 de agosto se han registrado 74.155 focos, según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espacial del país.

Por agua, nada diferente, también ha habido sentimiento de desesperación, pero al menos todas esas personas del Open Arms ya están a salvo. Por la pista de atletismo las cosas tampoco se veían con claridad. En otro sentido, esta semana las llamas y el humo que son una lucha contra un techo han conseguido apagarse.

Ellos fueron la leña que encendió la llama en su carrera por la maternidad

Una vez más, el mundo afronta otro caso más sobre el techo de cristal, todas esas barreras invisibles con las que tropezamos las mujeres en nuestra carrera profesional por el simple hecho de serlo. Esta vez en el deporte, fuera de oficinas, sin ordenadores, mesas y sillas de por medio.

“Las atletas tenemos demasiado miedo de decir públicamente que si tenemos hijos corremos el riesgo de que nuestros patrocinadores nos recorten el salario durante nuestro embarazo y después. Es un claro ejemplo de una industria deportiva donde las reglas están hechas mayoritariamente por hombres”, escribía en su momento en The New York Times la atleta estadounidense, Allyson Felix. A sus treinta y tres años ha conseguido nueve medallas olímpicas, de las cuales seis son oro y dieciséis títulos mundiales. Es más, ha ganado cuatro veces el premio Jesse Owens, galardón que se otorga en Estados Unidos a los mejores atletas nacionales.

La misma quiso ser madre y dar a luz a su pequeña Camryn y así lo hizo. Sin embargo, sus propios patrocinadores fueron la leña que encendió la llama en su carrera por la maternidad y así Nike, anunció que reduciría un 70% el salario si su rendimiento como deportista tras el embarazo no era el mismo. Ella no renunció y junto con otras mujeres no dejó de luchar por sus sueños, tanto que la marca ha cambiado su política.

Poco a poco todo este fuego se está apagando, pero todavía queda mucho para llegar al punto de control y extinción de la desigualdad laboral entre hombres y mujeres.