Turismo es libertad. Y economía

David Morales
DAVID MORALES

Leía estos días en un periódico de tirada nacional que «... el sector turístico (refiriéndose a España), motor de nuestra economía y que supone el 13% del PIB...». Pues sin con un 13% es el «motor» de España, en el caso de Canarias, con un 35% del Producto Interior Bruto del archipiélago (unos 15.000 millones de euros anuales aportados por el turismo a nuestra economía), no sólo es el motor, sino también el volante, los asientos, la chapa, la pintura y, sobre todo, las luces largas.

Sin duda nos convenía sanitariamente llegar al 0 turístico (ni un solo turista en las islas para reducir, precisamente a cero, a la población anual flotante que recibimos en modo turista) con el objetivo de reducir la población presencial y así evitar mayores posibles niveles de propagación del Covid-19.

Y si bien esa medida prioritaria se ha demostrado no sólo era conveniente, sino necesaria –y de ahí los positivos datos de la presencia del coronavirus en Canarias, con afortunadamente sólo un 1% del total de contagiados en España (o aún mejor, sólo un 0,10% de los más de 2 millones de habitantes en las islas)-, los otros datos y cifras (y sentimientos) que no nos podemos quitar de la cabeza son los relativos a nuestros aspectos socioeconómicos. Porque tiemblan en estos momentos los cimientos de nuestra economía.

También he escuchado a algún tertuliano nacional preocupado acerca de cómo el desempleo podría situarse en España en niveles del 20% «y más» de paro. Precisamente cifra esa de desempleo en la que Canarias viene moviéndose –por desgracia- en los últimos años y que, de no mediar milagro de al menos cierta reactivación económica a corto y medio plazo, podría alcanzar en el archipiélago el no deseado hito de niveles del 30%. Que mejor no traducir en número absoluto de personas que quedarían fuera de mercado de no mediar vacuna no sólo contra el Covid, sino para la reactivación económica. Where is Europe?

Porque nuestro turismo ha venido aportando hasta un 40% del total del empleo en las islas. Sin olvidar que esa facturación turística referida en el PIB no sólo va directamente, bien a las cuentas de nuestras empresas, bien al bolsillo de nuestros luchadores autónomos. Sino que además de centrifugar transversalmente toda nuestra economía desde El Hierro hasta La Graciosa, el turismo ha generado anualmente hasta ahora en torno a 1.500 millones de euros que, en forma de recaudación de sólo el Igic turístico, nutrían cada año las arcas del Gobierno regional, luego destinados a prestar servicios básicos a la ciudadanía.

Existe aún mucha incertidumbre respecto a cuándo se podrá reactivar de nuevo la actividad turística en las islas. Y no tanto porque -de seguir en la actual tendencia positiva- pronto pudiéramos ser de las primeras regiones del mundo virtualmente libres de Covid-19, o No-Covid Land, puestos ya a proyectar un posible mensaje o terminología global de destino turístico seguro.

Pero sí debido, dicha incertidumbre, a que dependemos de factores tales como la siempre referida importancia de la conectividad aérea (saludos, por cierto, a la CNMC...); de tradicionales mercados emisores de turistas (Reino Unido, Alemania, Escandinavia, resto de España) dónde el Covid también ha hecho o sigue haciendo de las suyas; del impacto económico del coronavirus en el bolsillo de nuestros potenciales y/o fieles visitantes; y de la afección anímica de dichos visitantes o turistas que a partir de ahora demandarán una casi plena seguridad sanitaria a la hora de viajar de un lado a otro. Lo mismito, vamos, que pediremos nosotros al viajar.

Por todos estos motivos, bien por supuesto está que de puertas para adentro en cada rama de servicios del sector turístico (hostelería, restauración, bares, comercios, ...) se estén proyectando – eso sí, fuera ahora mismo de cualquier oficialidad- medidas de prevención contra posibles contagios. Que si mamparas, que si distanciamiento (prefiero usar el epíteto físico que el de social, por razones obvias), que si modificación de modos de servicios o de aforos, que si turnos para ir hasta a la playa o si la cabeza por fuera al coger un ascensor....

Pero en nuestro caso de Canarias, debemos tener presente que, como destino, no empezamos o acabamos allí dónde nuestra arena o nuestra lava besa el Atlántico. Sino que como destino turístico nacional e internacional de referencia, lo somos desde que un turista en la fría Noruega o uno en la otrora algo más bulliciosa Berlín empieza mentalmente a proyectar una próxima escapada al archipiélago. Porque tanto lo intangible como lo tangible conforman un todo que convierte a Canarias en uno de los mejores destinos turísticos del planeta. Y mientras que, en lo tangible, nuestro límite físico y geográfico alcanza hasta el Mar de Canarias y el espacio aéreo sobre nuestras cabezas, desde la vertiente de la intangibilidad, nuestro Atlántico y nuestros Alisios llegan hasta millones de hogares peninsulares y europeos.

Y es precisamente en esa chispa de la imaginación y en ese anhelo de la emoción del visitante de turno dónde empieza la cadena de valor turístico de las Islas Canarias. Cadena de valor que, a partir de ahora, en este escenario post-Covid19 sin vacuna, requiere ofrecer también desde ya una trazabilidad sanitaria turística que nos garantice a todos, isleños y visitantes, que desde el minuto uno y desde el lugar de origen del visitante deseoso de viajar a Canarias, las garantías sanitarias son máximas conforme a una rutina que será normal. Chequeos y/o certificados de salud previos al viaje/vuelo; testeos en las propias instalaciones aeroportuarias (al despegar y al aterrizar); desinfección de medios de transporte y de espacios comunes; contar con aplicaciones de rastreo sanitario; ...una trazabilidad sanitaria turística que por supuesto también debe aplicarse a la población local (la importancia de los test masivos y de las pruebas serológicas). Y que, sobre todo, debe ser común al menos en los estados miembros de la Unión Europea.

Sólo entonces, si como valor añadido del destino ofrecemos no ya sólo el atractivo en sí de nuestras islas (su bondad climática, sus espacios naturales, infraestructuras y servicios públicos bien atendidos, su planta alojativa renovada o de nueva construcción, su atractiva oferta complementaria y de ocio, su buen nivel de servicios, etc.). Sino que además logramos incrementar dicho valor con la inclusión de esa referida trazabilidad sanitaria turística transversal a emisores y receptores, sólo entonces sí podremos hablar del desconfinamiento turístico. Que, por cierto, desconfinamiento no existe en la RAE. Sino que el antónimo de confinar es liberar.

Y el turismo no es una mampara (ni siquiera funcionaron cuando las primeras medidas antitabaco). El turismo es jibertad. libertad de movimientos y de desplazamientos; libertad de interacciones sociales; libertad física, psíquica y anímica. Y esa libertad es la que trae consigo la auténtica economía. La economía que genera y/o salvaguarda, entre otros, puestos de trabajo y capacidad de financiación de los servicios fundamentales acordes al Estado de Bienestar. Por eso digo que turismo es libertad. Y economía.

To be or not to be. Trazabilidad sanitaria turística. He ahí (auténtica) la cuestión.