Imagen tomada desde el Barranco de Moya. / Juan Carlos Alonso

Toma de tierra

«Cuando veo todo el daño que la gente es capaz de hacer simplemente desde la pantalla de su 'smartphone' pienso que probablemente no haya mejor plan en el mundo que intentar pillar una butaca en un bar al que no llegue la cobertura»

David Ojeda
DAVID OJEDA

Existe un pequeño rincón en Moya que se llama La Trastienda. No tienen cobertura para el teléfono móvil pero sí unas caballas cojonudas y la suficiente contingencia de vino para salvaguardar el fuerte. Hay días en los que no hace falta más y la simple convivencia en sus barriles permite a uno retirarse a sus aposentos con la firme idea de que el mundo continuará allí mañana a pesar de que el suelo se 'movía' bajos los pies durante el camino a casa.

Moya es el pueblo de mis abuelos y en el que mi padre resultó herido cuando de niño quiso torear una gallina con una hoz y un periódico. Un lugar en el que todavía el tiempo se detiene cuando uno ve llegar, por ejemplo a La Trastienda, a distintas generaciones fluyendo en comunidad desde la infancia. Grupos de amigos cosidos durante la madurez que hoy siguen haciendo del acto de compartir una ceremonia que a veces en la ciudad se diluye por la velocidad de los días y la sombra del cemento.

Es una toma de tierra necesaria. Como lo será para muchos urbanitas el pueblo en el que se empezó a bifurcar su árbol genealógico como si fuera la primera página de 'Cien años de soledad' entre aurelianos y josé arcadios. Pueblos de nuestra isla en el que los días parecen más largos, que ocultan tras los visillos sus tormentos, pero que aún hoy ofrecen una forma de afrontar la vida algo más reposada.

Moya tiene problemas de cobertura que van mucho más allá de La Trastienda. Pero cuando veo todo el daño que la gente es capaz de hacer simplemente desde la pantalla de su 'smartphone' de última generación pienso que probablemente no haya mejores planes en el mundo que intentar pillar una butaca en un bar al que no llegue la cobertura. Tomar aire y mirar la senda de Doramas y pensar, que pese a todo, el mundo seguirá allí mañana.