Anillos olímpicos en Tokio. / EFE

Tokio 2020, todo o nada

La cuarta ola de contagios está dejándose sentir con contundencia en el país del sol naciente donde, por cierto, hace semanas se decidió cerrar el acceso al público foráneo

José Ramón Sánchez López
JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ LÓPEZ Arrecife

Estamos inmersos en la cuenta atrás de los 100 días previos al arranque de los Juegos Olímpicos. O sea, en un periodo donde apenas hay margen de maniobra. Con este condicionante, no es ni mucho menos baladí que el secretario general del partido que gobierna en Japón, a la sazón Toshiro Nikai, manifieste que hay que valorar la opción de cancelar. «Si es muy difícil mantener los Juegos, entonces se deben cancelar. Si se extiende la pandemia debido a los Juegos, ¿para qué habrán servido?», recogió 'ABC' en pieza de Emilio V. Escudero en su edición digital del jueves.

Como elucidé el 6 de febrero, insisto en plantear que no habría mejor escaparate para demostrar que nos hemos sobrepuesto a una crisis planetaria descomunal que disfrutando a lo grande de Tokio 2020. Y lo maticé atendiendo a que los Juegos deberían hacerse con el propósito de marcar topes históricos en participación, público y audiencias mediáticas. Pero a 96 días teóricos del encendido del pebetero me temo que no hay condiciones para ello.

Se me puede rebatir apreciando que qué sabrá del asunto un modesto plumilla a miles de kilómetros de Asia que nunca ha puesto el pie en suelo nipón. Pero cuando resulta que el planteamiento coincide con lo que da a entender el secretario general del Partido Liberal Democrático, la cosa cambia. Y así es porque la cuarta ola de contagios está dejándose sentir con contundencia en el país del sol naciente donde, por cierto, hace semanas se decidió cerrar el acceso al público foráneo.

Como otros muchos, me apetece pasar horas y horas perdiendo el sueño ante el televisor y la tableta entre el 23 de julio y el 8 de agosto, como hice con todas las citas olímpicas estivales que he tenido ocasión de disfrutar desde 1976. Y como sé y valoro lo que lo quiero, si la alternativa es un mal sucedáneo, que con su pan y su sake se lo traguen.