Editorial

Thomas Cook y el modelo de negocio

29/09/2019
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La quiebra del turoperador Thomas Cook y la suspensión de manera repentina de todas sus operaciones aéreas ha conmocionado al negocio turístico. No es para menos dada la importante cuota de mercado en destinos como Canarias y el escaso margen de reacción para solventar una situación que dejaba literalmente atrapados a centenares de miles de viajeros en sus destinos. La doble condición de transportista y de gestor de alojamientos que se daba en el caso de Thomas Cook agravaba el problema, de manera que la primera reacción fue activar un plan de contingencia para esos clientes.

Como señaló ayer el presidente canario, Ángel Víctor Torres, la respuesta a ese primer problema ofrece hasta la fecha un balance muy positivo. Se ha evitado el colapso en los aeropuertos y también el bloqueo en los hoteles, situación que en las primeras horas del pasado lunes sí se dio en destinos del norte de África ante la preocupación de los empresarios alojativos por los impagos.

«Los mecanismos de supervisión por parte de las administraciones han fallado estrepitosamente»

Pero más allá de las soluciones de urgencia, es preciso reflexionar sobre el alcance último de la quiebra de Thomas Cook. Para empezar, conviene hacerlo en torno a la evidencia de que los mecanismos de supervisión por parte de las administraciones públicas han fallado estrepitosamente. Un gigante empresarial como Thomas Cook no se desploma de la noche a la mañana y las autoridades británicas, inmersas a su vez en el callejón sin salida del brexit, tiene mucho que explicar. No vale escudarse en el argumento de la economía de libre mercado, sobre todo cuando es -como así ha sido- el sector público quien tiene que acudir al rescate de esa multitud de turistas abandonados a su suerte.

En cuanto al modelo de negocio, ya los empresarios de destinos turísticos preferentes, como es el caso de Canarias, asumen que la dependencia del turoperador clásico debe moderarse. No cabe pensar en un cambio radical de la noche a la mañana, pues de nada sirve contar con los mejores hoteles y servicios si no hay garantía de conectividad. Como tampoco se resuelve de la noche a la mañana que Canarias acapare en internet a ese turista que ya contacta directamente con la aerolínea y el alojamiento, pasando por alto al turoperador clásico.

Las medidas adicionales en materia laboral anunciadas ayer por el Gobierno de Canarias son positivas en esa necesidad de acciones paliativas, pero sigue siendo preciso que el archipiélago se dote de un modelo turístico adaptado a los cambios derivados de la tecnología y las nuevas pautas de consumo. Esa debe ser la principal lección a sacar de la crisis de Thomas Cook, que tiene más de estructural que de coyuntural.