Aparceras camino de una cuartería en San Bartolomé de Tirajana en la década de 1960. / JOSEPH WILLIAM HIRMAN

El surco

«Ese feudalismo imperante en la islas no ha desaparecido del todo por no entorpercer las dinámicas del poder y, también hay que asumirlo, por la pérdida de conciencia de clase de los que están en el fondo»

David Ojeda
DAVID OJEDA

Estos días Gran Canaria Espacio Digital recoge los resultados de 'La mirada pasajera', un trabajo colectivo que documenta desde el fondo de imágenes de un periodo concreto (1850-1950) la visión externa del desarrollo en la isla y la colonización de nuestro imaginario. Ese que a día de hoy no se ha desprendido de los clichés impuestos por el relato exterior pero también por las clases pudientes de la isla, aquellas que perpetúan los mismos linajes y todavía salivan por una mano de obra servil y barata.

Muchas de las fotografías que conforman 'La mirada pasajera' han sido ampliadas y han deslocalizado el centro de la imagen para capturar los rostros de aquellos tiempos cosidos al Puerto o las cuarterías. Esos ojos rudos y nobles, desprovistos de formación académica, pero castigados por horas de esfuerzo y salarios miserables.

Y lo más interesante, pero tal vez lo más doloroso, es como tantos años después no se ha logrado concebir un modelo muy diferente de sociedad, pasando de los campos de trabajo a las escaleras de los hoteles. Ese feudalismo imperante en las islas no ha desaparecido del todo por no entorpecer las dinámicas del poder y, también hay que asumirlo, por la pérdida de conciencia de clase de los que están en el fondo de la pirámide productiva.

No hace tanto tiempo que un presidente de la patronal hotelera ahora condenado por fraude, Jorge Marichal, fue por los medios diciendo que «quien se deja explotar es porque quiere». O que Fernando Clavijo, senador en campaña electoral permanente con el afán de recuperar la Presidencia de Canarias, anduvo por un foro de inversores promocionando las islas por su «mano de obra barata» cuando gobernaba.

A los que cavan el surco y les falta autoestima les vendría bien visitar 'La mirada pasajera' y reflexionar sobre cómo cambiar estas islas.