Sin titubeos ante errores no asumidos

CANARIAS7 EDITORIAL

La dimensión exacta de la crisis sanitaria del corovonavirus Covid-19 no la conocemos aún pero ya es evidente que no estamos ante «un virus como el de la gripe común». Como también es incuestionable que ha habido falta de previsión en la gestión de las soluciones de urgencia. Para definir el caso de los miles de test que no son válidos y que fueron comprados por el Gobierno de España faltan las palabras ante la gravedad de la situación, por no hablar de las consecuencias de esa negligencia. Estas y otras circunstancias no se pueden ocultar. Insistir, como hemos hecho en semanas precedentes, en que es el momento de actuar unidos no es óbice para que se depuren responsabilidades sin más dilación y se actúe si existe la certeza de que se ha obrado mal. El error humano es, por supuesto, admisible, pero negar que se ha producido y no asumir las consecuencias no tiene disculpa. Esa es la situación que se está produciendo en la escena nacional, donde el Gobierno ha concentrado las competencias al activar el estado de alarma.

Frente a ese panorama, esta semana hemos visto en Canarias cómo al presidente del Gobierno, Ángel Víctor Torres, no le tembló el pulso a la hora de destituir a la consejera de Sanidad, Teresa Cruz. Un día después se acometió el relevo de los principales mandos en ese departamento, lo que refleja que la estructura de mando no estaba a la altura de unas circunstancias tan complejas.

Volvemos en esto a lo apuntado al principio: una cosa es que Teresa Cruz y sus equipo, llevados seguramente por buenas intenciones, cometiesen errores, pero otra muy diferente es que se negasen a verlos y, además, se empecinasen en ir contra los criterios de la misma Presidencia del Gobierno.

La creación de comités de gestión, auspiciada por Ángel Víctor Torres, va en la línea de cohesionar la respuesta ante esta crisis sanitaria, que tiene además una dimensión económica, laboral y social de gran calado. No era de recibo que la Consejería de Sanidad siguiera creyendo que por sí sola iba a derrotar la pandemia en las islas, y menos aún cuando esa Consejería era incapaz de explicar por qué la tasa de infección de los profesionales sanitarios de las islas está por encima de la media nacional. Tampoco había disculpa para que Sanidad desaprovechase los recursos de la red hospitalaria privada de las islas, que se puso desde el primer momento al servicio de la Comunidad Autónoma.

Todo eso, por suerte, ya es historia. El Gobierno canario ha actuado sin titubeos, porque eso es lo que toca en estas circunstancias. Esperemos que el Ejecutivo central tome nota.