JAULA Y ARCO IRIS

Simplismos

Algunos ya ven a Albert Rivera directamente camino a La Moncloa tras los buenos resultados de su formación en las recientes elecciones en Cataluña. Olvidando para ello muchos factores. Entre otros que aquellas fueron unas elecciones en clave autonómica, o si prefieren, nacional catalana, como suele suceder en una comunidad cuyos electores distinguen muy bien entre los distintos comicios y modifican, en consecuencia, el sentido de su voto.

Lo han venido haciendo en Parlament, ayuntamientos, Congreso y Senado desde hace mucho tiempo. Mientras Jordi Pujol fue durante veintitrés años inamovible en la Presidencia de la Generalitat, el PSC dominaba la ciudad de Barcelona –con alcaldes como Narcís Serra, Pasqual Maragall o Joan Clos- y aportaba un buen número de diputados a sus hermanos y hermanas del PSOE, muy relevantes para las victorias socialistas en el conjunto de España.

Los intentos de extrapolación entre elecciones suelen resultar muy desacertados. Recuerdo que algunos hicieron proyección de las europeas de 2014 hacia las locales y autonómicas que se celebrarían apenas un año después. Y daban a una posible alianza entre Podemos e IUC (que sumaron entonces en las Islas casi el mismo porcentaje que PP y PSOE, duplicando a CC) los ayuntamientos de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, el Cabildo de Gran Canaria y casi la Presidencia de la Comunidad Canaria. Las cosas son, como se evidenció en las locales y autonómicas, mucho más complejas.

Paralelismo. Hacer un paralelismo fácil entre las elecciones del pasado 21 de diciembre y unos futuros comicios generales es, en mi opinión, poco acertado; o, al menos, aventurado en exceso. En el caso que nos ocupa, ya Ciudadanos obtuvo 25 actas en Cataluña en septiembre de 2015, situándose como segunda fuerza tras JxS; y, sin embargo, en las generales de diciembre de ese año, solo tres meses más tarde, logró una quinta plaza por detrás de En Comú, ERC, PSC y DL, superando solo al PP.

Como se puede observar, la variación de JxS es de 8 puntos más en las autonómicas que lo que luego obtendrían en las generales la suma de ERC y DL. Y en el caso de los comunes ocurre al revés: el diferencial es de casi 13 puntos más en las generales que en las autonómicas. Mientras que en los naranja es casi de cinco entre unos y otros comicios, con peores datos en las generales.

«Ciudadanos es, en Cataluña, el partido que en los últimos años ha logrado aglutinar el voto de los que rechazan frontalmente al independentismo»

Ciudadanos es, en Cataluña, el partido que en los últimos años ha logrado aglutinar el voto de los que rechazan frontalmente al independentismo. Por su discurso nítido y contundente en este asunto. Y en el cercano diciembre le ayudó la percepción de que podía ser la fuerza más votada de su bloque e incluso ganar y, asimismo, el entusiasta apoyo de la gran mayoría de los medios de comunicación. Hasta el diario Abc se saltó sin sonrojo las normativas electorales y publicó una entrevista a Inés Arrimadas la misma jornada de reflexión, dedicando su portada íntegramente a la líder naranja. La apuesta de El País no fue menos decidida.

Por eso llegó a las 36 actas, devorando prácticamente al PP de Albiol, que pasó de once a cuatro, y, seguramente, captando también electorado de procedencia socialista, así como antiguos abstencionistas. No es razonable, por poco fundamentada, la queja de Arrimadas señalando que “los otros”, en referencia a PSC y PP, no le acompañaron en su crecimiento. Lo cierto es que se produjo una redistribución en la bolsa común del anti independentismo.

Los resultados de Cs en las autonómicas de diciembre fueron, sin duda, muy buenos. Pero de ahí a tumbar al PP como referente de la derecha en el conjunto del Estado español creo que va todavía un trecho importante. Los populares siguen apareciendo como los más votados en unas posibles generales en todas las encuestas, presiden varias comunidades autónomas, tienen un enorme poder en parlamentos e instituciones locales y cuentan con cientos de miles de afiliados y afiliadas a su organización.

Sobre la abstención. Aunque probablemente resulten en estos momentos menos atractivos para una parte del electorado que los modernos neoliberales de Rivera, con quienes tantas ideas y prácticas comparten. Especialmente para extractos jóvenes de la población, urbanos y desvinculados por completo a la dictadura franquista, frente a una formación fundada por colaboradores directos del franquismo y en cuyas filas hay personas que todavía la añoran, como el Jaime Mayor Oreja que recuerda la “extraordinaria placidez” de aquella terrible etapa histórica; y muy pocas que la rechacen y denuncien públicamente.

En la última encuesta dada a conocer, la de NC Report para el periódico conservador La Razón, se confirma que el PP resiste, pese al tirón de Ciudadanos, aunque podría perder una decena de escaños respecto a los que obtuvo en 2016. Con la siguiente previsión de celebrarse hoy unas generales: PP (124-127; 30% de los sufragios), PSOE (88-93; 21,8%), Ciudadanos (55-57; 18,8%) y Unidos Podemos (49-55; 16,1%), en lo que se refiere a los partidos estatales. Con unas formaciones nacionalistas que mantendrían sus actuales niveles de apoyo en las urnas.

Lo que confirmaría el modelo de cuatripartidismo nacido en las elecciones de junio de 2015. Pero con algunos detalles diferentes a los de esos comicios y a los posteriores de 2016. Entre ellos, la ascensión de Ciudadanos a tercera fuerza en votos y escaños. Y el retroceso de Unidos Podemos que no solo no conseguiría el soñado sorpasso al PSOE –como ya desde hace muchos meses viene apuntando reiteradamente los distintos sondeos-, sino que se vería superado por los de Rivera; y, sinceramente, no creo que sea solo por sus posiciones sobre la crisis en Cataluña.

De confirmarse estas tendencias en futuros estudios sociológicos, estaríamos ante un escenario de cómoda mayoría en el Congreso de los Diputados para PP y Ciudadanos. Y, sobre todo, nos encontraríamos en un panorama de clara derechización tras la posibilidad que hubo de un gobierno de mayoría progresista, especialmente tras las elecciones del año 2015. Algunos harán algún día autocrítica por la ocasión desperdiciada entonces. O no.