El show

Le han llovido críticas estos días a Susanna Griso, Ana Rosa Quintana y Risto Mejide

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

En los momentos de intensa carga dramática, casi mejor pecar por defecto que por exceso. Lo digo en materia mediática. Lo estamos viviendo en la isla de La Palma, donde algún intento de convertir lo ocurrido en un show televisivo ha derivado en severas críticas, con el añadido de quejas por el diferente trato de algunas autoridades a unos medios y a otros.

En estas islas estamos acostumbrados a esto último. Es habitual que en Madrid se acuerden de Canarias solo cuando hay una desgracia, de manera que cuando eso acontece, entran como elefante en cacharrería y lo hacen además presumiendo de que son de la capital y aquí somos de provincias. Y lo que suele pasar es que después protagonizan meteduras de pata con una trascendencia mayor precisamente por la amplitud del altavoz que utilizan.

En paralelo hay que admitir que se está generando un espectador quizás demasiado sensible. O con dos sensibilidades extremas: por un lado, los que quieren morbo y sangre y, en el otro lado de la balanza, los que ven una hemorragia donde solo hay una gota. Encontrar el término medio en esto no es fácil, y menos aún cuando se trabaja aceleradamente, llevado por la inmediatez de una conexión televisiva o por el estrés de querer ser el primero en dar una noticia en la edición digital de turno de un periódico.

Le han llovido críticas estos días a Susanna Griso, Ana Rosa Quintana y Risto Mejide, entre otros, por su manera de enfocar la crisis derivada de la erupción palmera. Quiero pensar que todos hacían su trabajo cargados de buenas intenciones pero quizás le faltó ese tacto que deriva del hecho del desconocimiento del lugar, de la forma de ser de la gente y, sobre todo, de entender de qué estamos hablando y dónde vivimos. Subrayo esto último pensando en ellos y en tertulianos varios de radios y televisión que se han puesto a pontificar sobre volcanes cuando en muchos casos los han visto en postales y que ahora pretenden darnos lecciones de cómo se debe vivir en un territorio que tiene características volcánicas. No han faltado los que insinuaban que la culpa era de los canarios por llenar de casas el paisaje, como si estuviera escrito en algún lugar que había que prohibir el crecimiento poblacional. Si así fuera, ¿dónde dejamos que se instale la gente? Porque volcánicas son todas las islas, unas con mayor riesgo y otras con menos, pero el origen es el mismo.

El show, por tanto, mejor para una película de fin de semana. Y los que llegan, bienvenidos sean si hacen un esfuerzo por saber a dónde llegan.