Imagen de la redacción en los </p><p> sección de Deportes. / C7

Y aquí seguimos estando

En las memorias de un cuarentón hay mucho más que crónicas, titulares, fotos… Hay personas. Las que estuvieron y las que siguen con las ganas intactas de continuar haciendo periodismo

Óscar Hernández Romano
ÓSCAR HERNÁNDEZ ROMANO Las Palmas de Gran Canaria

Verano del 99. El Livin la vida loca de Ricky Martin lo petaba en las radios y discotecas de moda. Yugoslavia y la OTAN firman el tratado de paz. San Antonio Spurs gana por primera vez en su historia la NBA. Se estrena en Estados Unidos Bob Esponja. Hugo Chávez proclama una revolución en Venezuela. Michael Johnson bate un nuevo récord mundial en los 400 m (43.18 segundos). Serena Williams, sin cumplir aún los 18, gana su primer torneo del Grand Slam, el US Open… Y CANARIAS7 me ficha.

Llegué de puntillas a aquel templo de El Sebadal. Mi humilde bagaje en el mundo de la información, antes de adentrarme en las entrañas de uno de los diarios punteros de toda Canarias, se reducía a año y medio en La Tribuna de Canarias [gracias Fede por la oportunidad] donde, desde el primer día, me quedó claro que para hacer periodismo hacía falta estar hecho literalmente de otra pasta (los que lo son me entenderán).

Tras pasar el severo y por entonces requisito necesario corte ante María Isabel, jefa de personal, me tocó debutar en una redacción de pasillos estrechos y hasta arriba de ordenadores monocromos y disqueteras, teléfonos sonando como si no hubiera un mañana, fax, folios y folios y más folios por todos lados, fotógrafos corriendo cámara en mano para llegar a su destino, Luis Pérez Viera buscando la foto para el redactor de turno en los cientos de cds organizados por año, mes y día con rotulador permanente…

Un campo de batallas que me tocó sortear -temblique de piernas incluido- hasta llegar a la sección de Deportes, la que más lejos estaba de la entrada. Allí me recibió Nicolás Cruz, jefe de la sección, con su habitual «León, vas a morir», afirmación que aunque sabía (o eso esperaba al menos) que no era literal, entendí perfectamente solo un par de semanas después, gracias a los interminables fines de semanas de horas y horas y más horas de trabajo para cerrar las ochocientas páginas que aguardaban como norma general.

Por entonces no tenía ni ordenador propio. «Ponte en el de Manolo que libra hoy, de momento, pero no le toques los [quinientos] folios de la mesa», me decían dejando muy clara la advertencia si quería conservar ese privilegio al día siguiente.

Antes de hacer mi primera crónica de fútbol, tuve que conformarme con rellenar las fichas de los partidos de aquel Universidad de Segunda B de Ojeda, Francis Santana, Sesma, Lampón... Y tragarme unos cuantos presigotos, claro.

Recuerdo -no el día pero sí que era un sábado y temprano- mi primer reportaje. Me estrené escribiendo la crónica de un duatlón en Telde que aún guardo como oro en paño no sé muy bien porqué ni para qué pero que ahí está, en el cajón de los recuerdos. Nostalgia, supongo. La página, que me costó rellenar a pesar de los fotones de Tony Hernández y las clasificaciones, ya está amarilla por el paso de los años, pero ahí sigue. Un lujo ahora que al papel le dan cuatro días de vida. Más nostalgia, supongo...

Desde entonces, cada día ha sido una aventura, un aprendizaje. Veintidós años después (mes arriba, mes abajo), para no aburrirles, aún sigo aprendiendo en un CANARIAS7 que este 2022 cumple nada menos que 40 añazos.

En sus memorias de un cuarentón hay mucho más que crónicas, titulares, sumarios, entrevistas, reportajes, fotos… Hay personas. Las que escribieron letra a letra aquel Ya estamos aquí el 2 de octubre de 1982, y las que hoy seguimos estando aquí ahora con móvil con cámara y grabadora, Internet, web, Twitter, Instagram, Google, correo electrónico, monitores Full HD, vaqueros de pata estrecha, reloj que te avisa cuándo debes levantarte... y, por encima de todo, las ganas intactas de hacer periodismo. Guste más o menos. Que para gustos, ya saben…