Foto reciente de Luis Rubiales. / EFE

Y Rubiales en Arabia

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Me pasé los años del acné escuchando cada noche las tortas radiofónicas que recetaban los entonces gerifaltes periodísticos del deporte, José María García y José Ramón de la Morena. Disparaban con alegría, o mejor dicho, con indisimulada ligereza.

Entre sus dianas, sobre todo del segundo, ocupaba un puesto de honor Ángel María Villar, presidente eterno de la Real Federación Española de Fútbol. No me acuerdo bien desde cuándo, pero sí que ya por entonces, o poco después, sacaba la patita un tal Luis Rubiales que emergió cual ave fénix para enfrentarse a Villar y que anunciaba que con él cambiaría el mundo del fútbol.

Y aquí lo tienen, ya con mando en plaza y hablando de comisiones estratosféricas con Piqué por llevarse una parte del fútbol español a Arabia Saudí. Mientras estos dos señores se afanan por contribuir a la mejora de la calidad de vida de las mujeres en esa dictadura de Oriente Medio (lo digo porque fue uno de los argumentos con los que justificaron tan brillante idea), el fútbol base en general, y el del fútbol sala en particular, mendiga ayuditas para sobrevivir.

Si los equipos en los que juegan tus hijos e hijas no tienen la suerte de ganar, más o menos puedes capear el temporal. Pero si se junta una buena hornada y te toca participar en campeonatos regionales o nacionales, échate a temblar. Vuelo más alojamiento no sale barato.

Los clubes hacen lo que pueden para costear una parte, pero no da, así que son las familias las que costean los gastos de los niños. Y las hay a las que les toca pedir incluso un préstamo para no romper las ilusiones de sus hijos. No parece justo mientras Rubiales, el que manda, se ha puesto un sueldo de 675.000 euros al año y anda pensando en Arabia...