Café para todos

Rivera conquistó Alsasua

04/11/2018
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Hace dos años, unos agentes de la Guardia Civil fueron salvajemente agredidos, junto a sus parejas, en un bar de Alsasua, localidad donde el independentismo vasco predomina casi en cualquier esquina. Son numerosos los relatos de los agentes allí destinados, que lo catalogan como un lugar caliente debido a las tensiones, agresiones, insultos e intimidación de los que siguen añorando la estrategia más violenta de la banda terrorista ETA, ahora convertida en el poderoso partido Bildu, uno de los oscuros socios de Sánchez en el Gobierno.

Aquella agresión tuvo una repercusión mayor de lo esperado. La sociedad vasca, cansada de tantos años y tantas muertes, respondió a la violencia con civismo, firmeza y repudia. El país condenó enérgicamente esas palizas a ciudadanos que solo tomaban una copa en el bar de su tierra.

«La participación de PP y Vox es una declaración de intenciones, que muestran su total sintonía en algo tan vital como la unidad nacional».

Alsasua se convirtió así en una especie de símbolo en la lucha contra la violencia de los radicales vascos, aquellos que no quieren, ni saben, convivir con la paz. Y fue allí, en uno de los bastiones de ETA, donde Albert Rivera ondeó la bandera de España, homenajeó a la Guardia Civil, verdaderos héroes que se jugaban la vida a diario en los peores años del terrorismo, y pidió la unidad de «un proyecto común español», mientras que miembros del PP y Vox, aplaudían en una puesta en escena valiente, cargada de simbología, y sin duda, necesaria. Ese evento es un mensaje potente para decirle a Sánchez que se está equivocando, de manera realmente grave, en la gestión del desafío catalán. La participación de PP y Vox es una declaración de intenciones, que muestran su total sintonía en algo tan vital como la unidad nacional. A pesar de la tensión existente, del lanzamiento de piedras a los participantes y de la poca colaboración local, el evento supone, o debe suponer, un punto de inflexión en la estrategia común contra algo tan grave como un golpe de Estado como el que se vivió en Cataluña.

La respuesta del PSOE dice mucho del preocupante estado actual en el que se encuentra el partido. Su portavoz en el Senado tachó el acto como una «grave irresponsabilidad», definiendo a Rivera, Casado y Abascal como «los dóberman de Aznar» y afirmando que «no van a caer en esas provocaciones». Tildar de provocación un homenaje a la Guardia Civil y a la unidad de España lo entendería si esas declaraciones viniera de Otegi, Iglesias o Rufián. Pero viniendo del partido que gobierna el país, lo que me produce es temor, rabia, y desconcierto.