C7

Regurgitar una, grande y libre

¿Ironía y humor con Tefía, la ley de vagos y maleantes o los tratamientos de electroshock?

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Con motivo de la celebración el 28 de junio del Día Internacional del Orgullo LGTBI+ el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, con un ánimo encomiable, no digo que no, pero desacertado, ha tenido la ocurrencia de regurgitar, pues de eso se trata, de un vómito, el lema franquista de 'Una, grande y libre' para reivindicar la capital grancanaria como lugar abierto, cosmopolita, fraternal y respetuoso con la diversidad, antítesis de la España negra que definía la simbología usada.

Dice el Ayuntamiento capitalino que la campaña encabezada por ese chirriante lema persigue demostrar que los tiempos han cambiado y el propio alcalde, Augusto Hidalgo, ha llegado a decir que esta polémica iniciativa «es un juego, que juega con la ironía y el humor».

Que los tiempos han cambiado no hay duda, gracias, precisamente a la grandeza de un sistema democrático que puso fin a décadas de tiranía. Ya cantaba hace unos cuantos lustros Luis Pastor aquello de «están cambiando los tiempos, están cambiando, ¡qué bueno!, por mucho que lo llaméis no saldrá del agujero», aunque, como también entonara Pablo Guerrero, aún «tiene que llover a cántaros».

Pero ¿ironía y humor? ¿Qué ironía y humor se puede hacer con Tefía, el campo de internamiento en el que se recluía a los homosexuales en la dictadura? ¿Con la ley de vagos y maleantes que el franquismo dictó para reprimir con saña a cuantos tuviesen una orientación sexual fuera de los cánones impuestos por el régimen? ¿Con los tratamientos de electroshock a los 'desviados'?

Con el dolor habría que ser algo más exquisito. La Ley de Memoria Histórica persigue el resarcimiento de las víctimas y la restitución de su dignidad, recordando con honor a los sufrientes de la represión, por ello, reivindicando la alegría y el humor, sería conveniente que los mensajes que emanan de las instituciones públicas, con clara intencionalidad política, no se dejasen llevar exclusivamente por los criterios de la mercadotecnia y la publicidad agresiva, que persigue la provocación y alimentar ¿las bajas? pasiones. ¿O es esta una certificación más de que la política ya atiende más a las pasiones que a las razones?

Una ciudad abierta, alegre, diversa, comprometida con los derechos conquistados, que no otorgados, suena bastante mejor que el provocador 'Una, grande y libre'. Entristece que hayan tenido que apropiarse de la simbología de la dictadura para reivindicar derechos universales.