Reflexión obligada

Los últimos asesinatos de menores de edad por jóvenes y el parricidio de Elche nos tiene que llevar a reflexionar y analizar qué estamos haciendo mal a todos los niveles: familias, centros educativos y administraciones

Silvia Fernández
SILVIA FERNÁNDEZ Las Palmas de Gran Canaria

El asesinato en una sola semana de dos chicas menores de edad por jóvenes, más el parricidio hace unos días en Elche nos obligan a hacer una reflexión sobre lo que está sucediendo en esta sociedad para tratar de averiguar qué está fallando. Los tres casos antes mencionados tienen causas y motivaciones distintas pero en cualquier caso hay una cosa clara y es que lo estamos haciendo muy mal a nivel familias, centros educativos y administraciones. En algún momento cogimos la dirección equivocada en lo que a educación de los más pequeños se refiere y hoy, lo que vivimos, es el resultado.

La sociedad española ha avanzado muchísimo a nivel económico y social en los últimos 25-30 años. Ha aumentado de forma sustancial nuestra calidad de vida, nuestras infraestructuras se han modernizado y las ciudades se han hecho accesibles. Somos además más inclusivos y digitales pero en esa transformación hemos dejado atrás aspectos clave como el respeto. Respeto a los profesores, respeto a los mayores, respeto a las chicas, respeto a los iguales, respeto a los padres...

No sé si porque hoy se tienen menos hijos, los que se tienen son a mayores edades o que a la hora de educar prevalece el sentimiento de culpa que genera el no poder estar con ellos el tiempo que se merecen por el vertiginoso ritmo que llevamos en el día a día (sin tiempo casi para respirar) pero la cosa es que cada vez les ponemos menos límites y así crecen, creyendo que, al igual que hacen en sus casas, pueden hacer lo que les venga en gana sin que haya consecuencias. Tampoco aceptan un 'no' como respuesta. A todo esto, sumémosle redes sociales, consumo de contenidos digitales sin control, enganche a videojuegos, drogas, alcohol..., confusión entre el control y el amor y tenemos el coctel perfecto.