Sanitarias en un hospital. / EFE

Quitarnos a los viejos

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

La política suele ser el espejo en el que es más fácil entender el narcisismo desbocado de la sociedad actual. La misma que no cumple con los derechos válidos para todos y se dedica a jalear deseos particulares.

Ya es un clásico que Canarias esté a la cola de lo mejor y a la cabeza de lo peor. El último Índice de Desarrollo de los Servicios Sociales de la Asociación de Directoras y Gerentes vuelve a situarnos en ese caso. Canarias es la tercera por la cola, solo por delante de Murcia y Madrid. Que la capital de un país sea la última es también para hacérselo mirar, pero la presencia de Madrid no es consuelo para lo nuestro. Y lo nuestro es que pese a ese «esfuerzo» presupuestario vendido con alharaca, seguimos en los últimos puestos.

Ínfimo desarrollo del ingreso mínimo vital, largas listas de espera en dependencia, falta de desarrollo del famoso catálogo de servicios sociales… También entran aquí los recursos para víctimas de violencias machistas, la atención temprana, la acogida de menores... Uno de los motivos de esta atrofia es la falta de personal. De nada sirve aumentar el presupuesto o destinar una partida a rentas mínimas si después no hay empleados públicos para solucionar los expedientes. Pero también la falta de colaboración interinstitucional. La falta de plazas residenciales en Canarias es de escándalo, y seguirá aumentando por el retraso del segundo plan de infraestructuras sociosanitarias, que depende de los cabildos.

Quizás la solución llegue por la pandemia. Con este final por decreto de la crisis sanitaria asistimos al continuo goteo de muertes, en su mayoría de personas mayores de 80 años. A corto plazo no solo va a reducirse la esperanza de vida, sino que vamos a tener plazas en residencias porque con este viva la vida de mantener abiertas las terrazas vamos a lograr quitarnos de encima a los viejos.