Meri Pita, tras la rueda de prensa en la que explicó su abandono de Podemos. / Juan Carlos Alonso

Pues no se puede

El desacato, por justificado que sea el disenso, si no hay renuncia del acta es transfuguismo

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Por más que digan Meri Pita, ex de Podemos, Vidina Espino, ex de Ciudadanos, o cuantos les han antecedido, si se acude a unas elecciones en la plancha de un partido deben obediencia a esa organización, por mucho que desvaríe su dirección. Estas son las reglas. Disciplina de voto se llama en el sistema de partido por el que nos regimos. De ahí el pacto antitransfuguismo firmado por todos, aunque ninguno lo ejecute por aquello del mar de 'contradicciones' en el que viven, vivimos.

En todo caso y a tenor de las definiciones, el desacato, por grande que sea el disenso que exista y se justifique, si no hay renuncia del acta se llama transfuguismo, por más circunloquios que se busquen. Así sucedió, por ejemplo, en el anterior mandato en el Cabildo grancanario con dos consejeros disidentes de Podemos. Les amparará la razón legal que sentencia que el escaño es propiedad del elegido, pero no la razón de la pretendida buena praxis que prometían. Desde el momento en que se instalan al margen de la organización están desautorizados, aun cuando estuvieran cargados de razones.

No vale parapetarse en el escaño con el torticero argumento de que este es de los ciudadanos, que los votaron para cumplir un programa, de que es la dirección la que ha traicionado el ideario, de que han olvidado a Canarias, de que... No se pueden adecuar los discursos a los intereses particulares según los momentos y si se quiere cambiar inténtese de nuevo con otra plataforma.

Claro que cabe el desencuentro, la disensión. De hecho nos dijeron que los nuevos partidos llegaban para hacer confluir en ellos corrientes dispares. Pero, si la deriva en que han caído impide esa convivencia toca la denuncia clara y alta y si no hay comunión y corrección posible, en consecuencia, hay que abandonar y defender una nueva propuesta que no puede pasar por apropiarse de unas canonjías que llegaron gracias al favor de esa dirección ahora 'esclerositada'. Queda feo. No se puede.

La triste realidad es que la historia se repite. Del uno al otro confín, de un extremo al otro, las malas mañas no se destierran. Y unos y otros, según conveniencia, denuncian las fugas o se valen de ellas. La ejemplaridad, una vez más, queda en veremos.

Entre tanto perdura la máxima de que al adversario no basta con vencerlo hay que destruirlo. Poco o casi nada han cambiado las cosas en este suma y sigue de automutilaciones. Así no se puede.