¿Quién puede matar a dos niñas?

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

En 1976, Narciso Ibáñez Serrador dirigió '¿Quién puede matar a un niño?', una película cuyo nombre era como un puñetazo en la boca del estómago del espectador. La trama era una pesadilla pero el simple enunciado del título ya generaba desasosiego.

Ayer, leyendo el relato judicial a partir de la investigación sobre la desaparición de las niñas Olivia y Anna, ya sabemos que sí hay respuesta para esa pregunta. Se llama Tomás y se apellida Gimeno.

No solo fue capaz de matar a sus hijas sino que lo hizo como parte de un plan preconcebido para provocar el mayor dolor imaginable a su expareja. Así lo cuenta la jueza en un auto de lectura necesaria -pese a la crudeza de lo que relata-, y obligada porque todavía hay quien cuestiona la violencia machista. Esa que Tomás llevaba tiempo practicando sobre Beatriz con un trato vejatorio y denigrante y, por si fuera poco con ello, decidió subir varios peldaños en intensidad. O quizás sea más exacto decir que los bajó, para llegar así a los infiernos de la maldad.

Eso que creíamos reservado para las historias para no dormir de Ibáñez Serrador está en formato de auto judicial. Son nueve folios convertidos en la anatomía de un doble asesinato machista pero son también la radiografía del mal. Poe, Lovecraft y Stephen King idearon pesadillas de horror; Tomás Gimeno planificó y ejecutó la suya.

La realidad, por desgracia, supera a la ficción.