Toma de temperatura a un menor antes de acceder a clase en Canarias. / EFE

A propósito de la covid

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Vaya por delante mi consideración y mi respeto a las autoridades sanitarias y a la difícil tarea a la que se están enfrentando, pero hace días que vengo rumiando dos reflexiones a propósito del impacto de esta sexta ola de la covid. Una tiene que ver con las cifras de recuento de contagiados. Ya no debe quedar casi nadie en estas islas que no conozca casos positivos en su entorno y a todos nos llegan referencias muy explícitas de hasta qué punto se han visto desbordados los servicios de rastreo. No digamos ya los de asistencia.

Dado este escenario, es más que un secreto a voces que esos datos de contagio diarios no responden a la realidad. Lo son, pero los gobiernos saben que son más. Posiblemente muchos más.Y que, gracias a la vacunación, puede que la inmensa mayoría de esos casos solo tengan mocos. O dolor de cabeza. ¿No es mejor poner el acento en las cifras de ocupación de camas y de UCI? ¿O en informar de cuántos están vacunados y cuántos no? ¿O en la letalidad?

Y, en segundo lugar, no le termino de encontrar una utilidad efectiva al pasaporte covid. O sí. La tiene, pero no va de cara. De entrada, aclaro que estoy vacunado, hasta con la de refuerzo. Los beneficios de las vacunas para la humanidad son una constatación científica. Y su eficacia es también una realidad con la covid. Dicho esto, no le veo más sentido al dichoso pasaporte que un intento, por la puerta de atrás, de obligar a vacunarse a los que no lo han hecho. Y eso no es admisible en un Estado de Derecho. Por mucho que la actitud de esas personas pueda parecer insolidaria, no comparto que se las discrimine, sobre todo en servicios públicos. Yo tengo el pasaporte y puedo portar el virus cuando entro, por ejemplo, en una biblioteca. No creo que sea la solución.