Problemas reales

Cuando Isabel fue coronada, Felipe tuvo que arrodillarse ante ella y jurar lealtad

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

La muerte de Felipe de Edimburgo ha dado vía libre a hablar de cuestiones que, como ya sabemos, durante un tiempo no se airearon en los medios británicos pero que luego sí se generalizaron entre la ciudadanía, unos con indiferencia, otros escandalizados y un tercer grupo incluso con satisfacción. Nos lo pintan como un tipo al margen de los protocolos, leal a la corona pero infiel a su esposa, con tics racistas, comprometido con la defensa de la naturaleza, amante de decir lo que pensaba aunque fuera política incorrecto... en suma, de carne y hueso en una institución que teóricamente debe ser modélica, pero donde el factor humano pesa como en todas aquellas donde transitan hombres y mujeres.

De lo que se ha dicho sobre Felipe hay algunas con un punto de contradicción. No se trata de ser un puritano ni un moralista, pero ser fiel a la corona e infiel a la esposa que es reina no parece que encaje demasiado bien, pues la propia institución monárquica va de la mano de la familia y la unidad de la misma. Es más, cuando Isabel fue coronada, Felipe tuvo que arrodillarse ante ella y jurar lealtad. Entonces, ¿a qué fue leal? ¿A la tiara? ¿O acaso entendió que la lealtad personal y la institucional caminan por senderos que no solo no son paralelos sino que van en direcciones opuestas?

Al margen de esos juicios a medio camino entre lo moral y la ética personal y colectiva, me quedo sobre todo con la reacción de la familia real británica. A saber: se ha muerto uno de los suyos y se le honra como tal. Sin excesos exteriores, pues no están los tiempos para ello, pero poniéndolo en valor como la persona que durante décadas ha estado al lado de la reina -eso sí, un par de pasos por detrás- y que es padre y abuelo de reyes, aunque al paso que va el asunto de la sucesión no sabemos si primero será coronado un nieto y no un hijo.

Y como mirar y comparar es gratis, además de entretenido, me pregunto qué tiene pensado la Corona española con el rey emérito. ¿Y si de repente muerte en su retiro dorado? ¿O si vuelve, como parece que desea, qué se ha previsto para los años que le quedan (que ojalá sean muchos)? Porque también en ese caso estamos hablando de una persona donde se han apreciado contradicciones entre la conducta privada y la que se atribuye a la institución, con el añadido de que no es consorte de reina sino que fue rey y sigue con un título que todavía no tenemos claro para qué sirve.

Dejar pasar el problema no es garantía de solución. Más bien lo contrario.