Opinión

Principios de sustentación turística

27/06/2020
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En el vuelo de un avión interactúan cuatro fuerzas principales que, en la confluencia de sus pros y contras, generan el milagro de sostener en el aire a un pájaro metálico de muchas toneladas.

Así, el pájaro en cuestión confronta las fuerzas del peso (con esa gravedad newtoniana que lo insta a volver al suelo); de la resistencia (que lo frena en su avance – un avión despega contra el viento, no a favor de él); del empuje (que lo anima a seguir avanzando hacia su destino, gracias a la fuerza de sus motores y a la en ocasiones colaboración del viento de cola a favor, ya en altura); y de la sustentación, que es la magia que proporcionan las alas mediante ese truco invisible de la física denominado Principio de Bernoulli.

Son, en resumen, dos fuerzas negativas, peso y resistencia, confrontadas a dos positivas, empuje y sustentación, cuya suma es igual a 0 en un vuelo recto, nivelado y a velocidad constante. Siendo la tarea primordial del piloto ejercer absoluto control sobre ellas para mantener un vuelo seguro, eficaz y eficiente. Por el bien común de todos.

Nuestro singular avión –y no sólo motor- canario, el turismo y sus pilotos, anhela, anhelamos, volver a surcar los cielos de la actividad empresarial para con ello poder recuperar para nuestra sociedad los niveles económicos, laborales y sociales que nuestro principal sector económico ha aportado año tras año a nuestra tierra y a nuestra gente.

Niveles que seguro podrían ser mejorados desde distintas perspectivas. Pero que ahora -tras la primera dura experiencia de la pandemia y los consecuentes datos de paro tanto reales como metaforseados vía ERTE- seguro empiezan a reconocerse como indispensables por aquellos detractores (que haberlos haylos) de toda señal de actividad turística. Debiendo reconocer a nuestro Turismo como la auténtica fuerza de empuje que sostiene, mueve e impulsa a nuestro inigualable Jumbo de denominación Islas Canarias. Y ejerciendo además de efecto de arrastre positivo para el resto de sectores económicos del archipiélago, desde la agricultura hasta la producción industrial, pasando por nuestros también importantes sectores de la automoción y de la actividad portuaria.

Sin pedirlo y sin ni siquiera haberlo invitado a la fiesta, el coronavirus se convirtió para nosotros en aquello que Newton dedujo al ver caer la manzana. Esa fuerza invisible de la gravedad que llevó literalmente a tierra al ingente peso de nuestra economía turística. En sentido inverso a la publicidad de vehículos, de 100 a 0 (turístico) en un santiamén.

Y por ello, continuando con el símil aeronáutico, ahora nuestro turismo se enfrenta a la fuerza de la resistencia que los estragos socioeconómicos y sanitarios dejan tanto en el alma, pensamiento, voluntades y capacidades de una y otra índole del que siempre ha sido nuestro valor inversor refugio y de referencia, el turista; como se enfrenta a la resistencia originada por las mínimas actuales capacidades logísticas y empresariales que la pandemia ha causado en nuestras principales correas de transmisión turística y económica, compañías aéreas, touroperadores y agencias de viaje.

Siendo en estos momentos incluso quizás más estratégico para Canarias la salvación especialmente de las líneas aéreas (dada nuestra total dependencia de la conectividad aérea) que el deseo –más que latente- de miles de turistas fieles a Canarias deseosos de regresar a estas sus islas, conscientes de la actual mínima incidencia y del fantástico control sanitario de la Covid-19 en este su preferido Jardín de las Hespérides.

Por lo que si -dentro de la coctelera de la imprescindible fuerza de sustentación que obra el milagro de volar- entremezclamos convenientemente esa buena dosis de demanda turística existente por Canarias, junto con medidas organizativas, económicas y laborales conducentes a la salvaguarda de la actividad aérea (con exenciones de calado de tasas aeroportuarias a líneas aéreas); a la salvaguarda de empresas y trabajadores mediante la prórroga durante los próximos meses de los excepcionales ERTE habilitados a causa del coronavirus; a la salvaguarda de la capacidad financiera de empresas y autónomos, con reajustes y/o períodos de carencia respecto a obligaciones tributarias; y a la salvaguarda sanitaria, tanto de la población local como de cualquier viajero que llegue a nuestra tierra, a través del hito de test obligatorios en origen para cualquier pasajero que viaje a las islas, entonces y sólo entonces nuestro Jumbo, nuestro archipiélago, logrará ir remontando el vuelo. ¿Imaginan un eslogan del tipo Canarias, tu mejor vacuna?

Claro que, teniendo los pies en el suelo, ante el tan turbulento contexto y entorno socioeconómico y sanitario internacional que nos rodea, dicho despegue se presenta como todo un desafío para cualquier piloto. O pilota. Pero que, en cualquier caso y ante la actual extraordinaria coyuntura, para lograr ese vuelo seguro, eficaz y eficiente, nada más conveniente que en la cabina de mando reine a ser posible la matrícula de honor en física y matemáticas, mejor que en lengua y literatura. Porque, nos guste o no, los aviones vuelan en base a ecuaciones numéricas, y no a través de la lectura de poemas o de la invocación a la empatía.

Tan cristalina argumentación como la vida misma. O como la de Kristalina, con k, la directora búlgara del Fondo Monetario Internacional, y su reciente chirriante pronóstico respecto al desplome del PIB previsto para España en este 2020 del que aún quedan páginas por escribir. A ser posible, mejor del derecho que del revés. Y con f de futuro, y e de esperanza, siendo la x = f + e = fe.

David Morales es director de empresas turísticas.