Jaula y arco iris

Premios y castigos

15/01/2020

«La concesión a Zinedine Zidane del premio que le reconoce como el mejor jugador del Mundial de Alemania me genera muchas dudas. No voy a discutir las excelencias futbolísticas de uno de los mejores jugadores de la historia. Pero su impresentable acción violenta le descalifica para merecer tan alto honor». Esto publiqué en el periódico El País en el mes de julio del año 2006, formando parte de un artículo que luego vi reproducido como comentario de texto del libro de Lengua y Literatura de tercero de la ESO, serie debate, de Editorial Santillana. Para gran sorpresa de mi hijo mayor, cuando le tocó analizarlo y comentarlo en clase en su instituto.

Añadía en aquel artículo lo siguiente: «¿Qué le voy a decir a mi hijo de 10 años cuando me pregunte por qué se premió a un futbolista que, a treinta metros del balón, practicó algo parecido a la lucha libre americana? ¿No está entre los valores del deporte el juego limpio?». Y finalizaba señalando que, con la enorme popularidad y relevancia del entonces jugador de la selección francesa y del Real Madrid y hoy exitoso entrenador del conjunto blanco, resultaba aún más grave «el penoso ejemplo que dio en la final. Espero que, al menos, sepa pedir perdón públicamente». No recuerdo si lo hizo.

Supercopa

Rememoré aquellas circunstancias tras la reciente celebración de la Supercopa de España en Arabia Saudí. Modalidad que busca llenar las arcas de la Real Federación Española de Fútbol, que se llevará 120 millones de euros en tres años, aunque sea a costa de jugar en lugares nada democráticos y tremendamente irrespetuosos con los derechos de las mujeres que, pese a tímidos avances, como poder obtener el carné de conducir, continúan completamente segregadas. Y que castiga a los homosexuales con condenas que van desde la cárcel a la pena de muerte. Un auténtico paraíso para los derechos humanos, vamos.

Federico Valverde, al que tengo por un extraordinario jugador, con un gran presente y un enorme futuro, como una de las grandes revelaciones de la actual temporada, realizó una entrada muy dura por la que fue justamente expulsado. Y el jugador uruguayo recibió, como Zizou muchos años antes, el premio al mejor jugador (MVP) de la final.

«Para muchos la multa de 1.000 euros a la diputada de CC es casi una tomadura de pelo, una pena muy alejada de la gravedad de los hechos»

No digo que jugara mal -todo lo contrario, aunque Courtois fue muy decisivo, especialmente con sus paradas en la tanda de penaltis- pero a la hora de evaluar considero que se debió tener en cuenta la poco deportiva entrada que es cierto que salvó a su equipo de un gol, pero que empaña su actuación global. Salvo que consideremos que los valores no tienen relevancia alguna en las grandes competiciones futbolísticas. Cosa que se deduce escuchando las mayoritarias opiniones al respecto. Cierto es que Valverde pidió inmediatas disculpas a Morata tras terminar el partido, reconociendo su acción tan poco adecuada. Algo es algo.

Otro Valverde, en este caso de nombre Ernesto, ha vuelto a poner sobre la mesa las incoherencias y los malos modales de las futboleras directivas. El ya ex entrenador del Barca fue asado a la parrilla, humillado y maltratado, cuando aún ejerciendo su función se realizaban todo tipo de reuniones y de llamadas para buscarle un sustituto. Impresentables actitudes, aunque algunos, como Santiago Gil y el que esto escribe, se alegren del regreso a los banquillos de Quique Setién, el que tantas alegrías, en forma de fútbol de muchos quilates, dio en su etapa en la Unión Deportiva Las Palmas.

Oramas y su multa

Y de premios y castigos se habla estos días en los medios de comunicación y en las redes sociales respecto a la decisión adoptada por Coalición Canaria con la diputada díscola, pero menos, Ana Oramas, por su voto en contra de la investidura de Pedro Sánchez. Al no respetar la decisión unánime de los órganos de su formación política, que se había inclinado por abstenerse.

Para muchos la multa de 1.000 euros a la diputada de CC es casi una tomadura de pelo, una pena muy alejada de la gravedad de los hechos. Casi todos olvidan que el castigo por hechos similares a los diputados y las diputadas del PSOE que se negaron en 2016 a abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy, decisión adoptada por la dirección socialista tras la defenestración de Pedro Sánchez, fue bastante menos cuantioso, de 600 euros. Entre ellos estaban el exalcalde de Donositi, Odón Elorza, Francina Armengol, presidenta del Gobierno de Baleares, y Meritxell Batet, la actual presidenta del Congreso. ¿Debieron ser purgados?

Si alguien pensaba que CC se iba a hacer el harakiri en plaza pública es que se encuentra muy despistado o no conoce las dinámicas de los partidos, de todos, de derechas e izquierdas, nacionalistas o estatalistas. Menos aún cuando, especialmente en Tenerife, saben que Oramas es un destacado activo electoral y que su actitud, por muy rechazable que parezca, no le enfrenta en modo alguno con unos votantes de perfil muy conservador, que hacen frontera cuando no ósmosis con los de Ciudadanos y el PP. Y cuando, además, se encuentran con la enorme debilidad que supone estar, por primera vez en su historia, fuera del poder en todos los niveles institucionales.

Otra cosa bien distinta es que el caso Oramas haya destapado disidencias internas en la organización. Aunque, a la vez, ha servido para confirmar quién manda, quién ejerce de planeta y a quién le corresponde ser un satélite, de mayor o menor tamaño y órbita. Lo que no creo que sea bueno para un proyecto con implantación en casi todos los territorios y que tiene vocación más allá de lo estrictamente insular.

Y, sobre todo, en mi opinión, lo ocurrido en el Congreso de los Diputados no fue solo una desobediencia, circunstancia nada novedosa de la que todos los partidos tienen sus propios y variados ejemplos. Lo más impactante fue la normalización de un discurso que de nacionalista canario tiene poco o nada. No fue casual el más que entusiasta aplauso de las bancadas de las derechas más españolistas; o el prolongado apoyo a la diputada por Santa Cruz de Tenerife en los medios de comunicación y en las redes por los más extremistas. Lo que estaban escuchando era, en definitiva, su música y su letra. Con acento canario, eso sí.