Foto de archivo del periodista Antonio García Ferreras. / EFE

Pregúntese por qué

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

Puede que no sea el momento. No ahora que media España anda enfrascada en una fuerte polémica sobre los audios de Villarejo con Ferreras. Audios en los que, por cierto, el periodista de La Sexta se merienda los valores que han de inspirar el trabajo de un buen profesional de la información y en los que parece confesar que actuó a sabiendas de que contribuiría a intoxicar a la opinión pública contra Podemos.

O quizás sí. Quizás es ahora cuando hay que subrayar el valor del periodismo con mayúsculas, el que recurre a fuentes solventes, contrasta datos y explora las más variadas perspectivas.

Periodistas corruptos y manipuladores ha habido siempre. Eso es obvio. Tanto, como que no todos los periodistas son iguales. Lo que me pregunto es por qué en esta España tan polarizada los periodistas han pasado a estar en la diana. Ni defiendo a Ferreras ni tampoco quiero decir con esto que el trabajo de un periodista no pueda ser criticado. Antes al contrario.

Me refiero al señalamiento, al hostigamiento, a convertir a ciertos periodistas o medios de comunicación en objeto de una furia colectiva desatada, al indisimulado intento de algunos con poder, o que aspiran a tenerlo, de exigir de qué y cómo se debe informar. Llevamos años así.

Y a mí no me parece casualidad. Como tampoco es casualidad que los partidos que más incidan en esta cuestionable práctica sean los que están situados a uno y otro lado del espectro ideológico. Esos mismos que suelen hablar tan claro, a veces descarnadamente claros, para la defensa de sus planteamientos, y luego se demuestran tan tibios y difusos para calificar como se debe a regímenes totalitarios de su supuesta cuerda política. Por algo será que la primera víctima cuando cae una democracia es la información.