Meritxell Batet, presidenta del Congreso de los Diputados. / Efe

Predicadores de la moral

Más de 40 años después del franquismo seguimos sin saber disentir desde la cordialidad

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Era Kant quien decía que la moral reina pero no gobierna. La sentencia de hace más de doscientos años sigue vigente, en eso se sustenta el poder; con el añadido que ahora abundan predicadores que se autoerigen en valedores de una hipermoralización con la que dictan su doctrina, sentenciando a quienes no son de su gusto, promoviendo, como si en la edad media estuviésemos, cazas de brujas públicas, la muerte social de su víctima, en suma, vía tertulias radiofónicas, artículos de prensa, declaraciones públicas y, sobre todo, redes sociales.

Ocurre, sin embargo, que muchos de esos próceres del postureo moral y discursos excluyentes acostumbran a tener la piel muy fina. Han olvidado que quien esté libre de culpa tire la primera piedra.

«Cuando los Stones ya no pueden tocar 'Brown Sugar' y Terry Gilliam, de Monthy Phyton, no puede hacer una obra de teatro, cuando se tiran estatuas de hace 500 años porque aquellos hombres eran malos..., es muy difícil negar que la moral se nos ha ido de las manos» (Pablo Malo Ocejo, 'El patíbulo moral', en 'Infolibre') .

Recientemente los jefes de prensa de los grupos parlamentarios que apoyan al Gobierno central pidieron a la presidencia del Congreso que tome medidas contra «las faltas de respeto» y «clima de tensión» que se ha instalado en los últimos meses en la sala de prensa.

¿Ya no recuerdan la máxima periodística que deja claro que no hay pregunta impertinente sino respuesta? Otra cosa, eso sí, son las faltas de respeto, y en eso la política española no está para dar ejemplo, aunque tampoco los medios, cierto, donde hay muchos apuntados a encorajinar el ambiente; pero si no quieres dar explicaciones no te dediques a la política.

En esta falacia moralista en la que nos hemos instalado, dando todos lecciones sin tener que soportarse en hechos ciertos, ocurre que los adversarios no solo están equivocados sino que además son malos. Fascistas, comunistas, nazis, chavistas, etc, etc. Así las cosas, cómo hablar con ellos. Y si no se habla con el adversario, cuál es la razón de ser de la democracia.

Más de cuarenta años después de las primeras elecciones tras el franquismo, este país no sólo no parece haber aprendido a disentir desde la cordialidad sino que todo apunta que 'a peor la mejoría'.

Por cierto, dadas las fechas en que estamos, tampoco olvidemos las recomendaciones de la recientemente fallecida Almudena Grandes: «Sobrevivir también consiste en seguir sonriendo», porque «la felicidad es la mejor manera de resistir».