Ultramar

Por amor a la memoria

23/03/2019

La historia la escriben los vencedores y ellos no solo matan los cuerpos, también la memoria, nos decía en cierta ocasión Llum Quiñonero, historiadora y periodista, autora del documental Mujeres del 36 y de la exposición Las mujeres y la guerra. Afortunadamente con el paso de los años, a pesar de la represión, de las muertes, del dolor, del silencio acumulado, el agua vuelve a su cauce y la historia recobra su sentido.

«El entierro de los republicanos asesinados en el pozo de Tenoya es un acto de dignidad, amor y progreso»

Han tenido que pasar 82 años, pero este domingo, 24 de marzo, en Arucas se recobrará el sentido de la historia y se recuperarán dignidades, porque, como dejó dicho el forense Francisco Etxeberría, «aunque estemos exhumando fosas en realidad estamos recuperando dignidades. Lo que hay ahí dentro no es un objeto, es una persona que tenía una identidad, unos sentimientos, unos ideales, y que fue tratada injustamente dos veces: una cuando le mataron y otra con el tratamiento que le ha dado la historia».

Por fin, 82 años después, algunos de los familiares de los muchos que fueron asesinados por mantenerse fieles a la legalidad constituyente podrán enterrar con dignidad a los suyos, proclamar que sus muertos les pertenecen y ponerse luto. Mañana los restos de catorce civiles republicanos lanzados al pozo de Tenoya, de los que solo se han identificado a siete, recibirán honrosa sepultura y acompañarán a los 24 que fueron rescatados del pozo del Llano de Las Brujas, de los que solo se sabe la identidad de nueve.

«Y por amor a la memoria, llevo sobre mi cara la cara de mi padre», cantaba el poeta israelí Yehuda Amijai. No puede haber olvido para un padre. Lentamente vamos corrigiendo la injusta historia, aunque resulte grotesco escuchar el desprecio de algunos, como el de Pablo Casado, hacia quienes legítimamente no olvidan a sus padres, llamándolos sindicatos de desenterradores que solo piensan en la guerra de los abuelos, cuando nada más que pretenden saber dónde están los suyos para honrarlos.

Solo se puede progresar recordando. Así pues, lo de este domingo en Arucas es, además de un ejercicio de dignidad, un acto de amor y de progreso, porque de no mirar a nuestra propia historia estaremos condenados nuevamente a la mediocridad. Por tanto, no hay que olvidar que aquí, donde no hubo guerra, sí que se instauró el llamado terror blanco. La Mar Fea, la Sima de Jinámar, los muchos pozos que aún quedan por desescombrar, las fosas por excavar, los campos de concentración de La Isleta, Gando, Fyffes, Los Rodeos, Granadilla, o Tefía no fueron ficción. Y los apalizados, torturados, deportados, asesinados, exiliados, condenados al silencio por la represión política existieron y tienen todo el derecho a recuperar sus dignidades.