El poder de estirar el chicle

«El cisma en el Partido Popular es una vuelta de tuerca más del hastío actual de la sociedad hacia la política»

Rafael Falcón
RAFAEL FALCÓN

En política todo es posible. Llegar al poder es una golosina que sigue teniendo un regusto dulce para muchos, por lo que se suelen lograr pactos mágicos con tal de conseguir la aritmética necesaria. Pero ahora estamos viviendo con interés un capítulo más para la historia, el de desangrarse así mismo. El PP, a un año vista de unas nuevas elecciones generales, autonómicas y municipales, veía con pausa cómo iba ganando puntos en las encuestas, con Madrid y Castilla y León como ejemplos notorios. Pero de un plumazo esa sensación de firmeza y progresión se ha ido al traste, ofreciendo una imagen patética. Ese combate Casado-Ayuso se ha convertido en una pelea en propia casa que ha tenido a Sánchez y a Abascal muertos de risa.

En Canarias, la organización se rearmó con Manuel Domínguez y Poli Suárez como nuevas cabezas visibles, y no han salido de su asombro por el shock interno provocado en sus filas en los últimos días. Ganar tiempo para perder tiempo es algo usual en política. Casado ya es sinónimo de fracaso y ahora todos se agarrarán a un nuevo líder que devuelva la armonía, aunque lo sucedido desde la pasada semana dejará una cicatriz que hará mucha pupa.

El resto de partidos ha mirado atónito esta comedia dramática para unos y cómica para otros, sin que nadie se atreva a dar un paso en falso para no cometer el mismo error que el adversario. Me hace gracia cuando todos exigen rectitud, mientras son incapaces de mirarse a su ombligo más cercano.

La política en la sociedad ha perdido desde hace años mucho fuelle. Ya las encuestas previas no sirven para nada, porque el hastío es tal que cualquier cosa puede suceder. Al político que ostenta a día de hoy un cargo lo que le interesa en estos instantes es estar incluido en una lista electoral, y para ello es capaz de dar abrazos a quién sea. La cruda realidad de nuestra política es que subidos al carro solo se miran al espejito, alejados de la cruda realidad. En su mayoría acceden a puestos de responsabilidad personas que no tienen ni idea de la materia que les ha tocado desempeñar y al cabo de los meses se ven manejando presupuestos desorbitados, se suben a un coche oficial y se creen los reyes del mambo. Pero cuando ya se bajan del coche oficial y vuelven a la parada de guaguas o a tragarse colas al volante, los que hoy les adulan se olvidarán rápidamente de ellos.

La política merece un cambio. Los egos y creerse lo que no son se paga caro. Llegan meses entretenidos. La cosa está en llamas.