Opinión

Periodismo en tiempos revueltos

19/06/2018

Recientemente en televisión entrevistó Iñaki Gabilondo a Martin Baron, director de The Washington Post. A buen seguro, la pieza se puede rescatar por internet. El encuentro giró en relación al futuro que le espera al periodismo y, en realidad, las preguntas que Gabilondo fue esbozando tenía más de retrato de un presente que sobre esos hechos consumados aún por venir. El periodismo, la prensa, siempre ha estado más ligada a las incidencias de resistir numerosas presiones que solo se solventan con independencia económica, que a otra cosa. La excepción fue esa edad de oro del periodismo que en las últimas décadas coincidió con el esplendor de otros sectores profesionales. Los medios de comunicación, como no puede ser de otra manera, y más si cabe, son hijos de su tiempo. Y si hubo burbuja inmobiliaria también concurrió a son de una Redacción sobredimensionada. Todo va de la mano. La digitalización hace el resto.

«Y no es casualidad que algunos diarios digitales (solo algunos) recurran con frecuencia a publicar augurios sobre cuánto durará el soporte papel»

Gabilondo cruza al otro lado del Atlántico para intentar encontrar verdades (e ilusiones) en Baron, cuya figura periodística pronto reconocerán por la película Spotlight (2015). La Gran Recesión de 2008 supuso la tormenta perfecta: restricción económica (difusión de ejemplares y publicidad) y la consolidación de Internet. Atañe al modelo de negocio. Y de ahí surgen múltiples incógnitas todavía por despejar. Por ejemplo, el soporte papel cuesta rentabilizarlo y, sin embargo, es el que aún sostiene (el único) la influencia del poder político. El que determina la agenda diaria, las claves que entran en discusión y las que no. Un pantallazo de Internet nunca podrá competir con la portada de papel. La instantaneidad conlleva pronto el olvido y no puede competir con poner el negro sobre blanco. Es inamovible.

No vuelve Gabilondo del viaje con certezas. Pero si hay cabeceras como esta capaces de mantener viva la pasión periodística, es que todavía hay largo recorrido por delante. Una rotativa es cara. Pero más cara resulta no tenerla. Y no es casualidad que algunos diarios digitales (solo algunos) recurran con frecuencia a publicar augurios sobre cuánto durará el soporte papel. Por algo será. Para empezar, porque saben que el supuesto día que desaparezca la rotativa (si es que llega) podrán competir en mejores condiciones. Mientras tanto, la batalla es desigual. Ni Gabilondo ni Baron se detuvieron en este aspecto concreto y, con todo, es el que subyace en muchas de las preguntas que le hizo. Algunas con mejores respuestas que otras, pues todos a fin de cuentas buscan su espacio en este nuevo universo de retos y desafíos donde la finalidad es encontrar la rentabilidad. Otra cuestión es la posverdad (el eterno bulo difundido) que se propaga rápidamente en internet y que permite que las falsas noticias tengan incidencia para mal de la ciudadanía y la democracia. Eso ya es rigurosidad, no problema del dinero.