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Cuando los periódicos servían para envolver el bocadillo

Cuando los periódicos servían para envolver el bocadillo

40º aniversario CANARIAS7 ·

Los digitales, las web de noticias se han convertido en especies de Tetris insaciables que tragan más y más información

Viernes, 11 de noviembre 2022

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Pertenezco a una generación de periodistas que profesionalmente está ya casi «más pallá que pacá», como se dice vulgarmente. Provengo de una época lejana en el tiempo, en la que de joven, todavía te obligaban a hacer la mili, como una especie de pesadilla en la que después de terminar la carrera y cuando habías logrado meter la cabeza en un periódico, o emisora de radio, y empezabas al fin a hacer tus primeras prácticas, a ganar algo de dinero, te pagaban un billete de tren en segunda y te mandaban a un cuartel nueve meses, te encasquetaban un CETME y te ponían a hacer más guardias que el Capitán América en pleno invierno cacereño.

Procedo de una época en la que no existían los móviles, ni internet, ni ninguna de esas vainas que ahora tanto nos gustan. Ni redes sociales, ni youtube, ni ningún avance tecnológico de los que ahora mueven el mundo. No había reguetón, y a las chicas y a los chicos nos gustaba el Rock & Roll, el punk, los Ramones, los AC/DC...

Los que son de mi quinta sabrán de lo que habló cuando digo que bebíamos el vodka Julián Borrajo y el whisky DIC y todavía se estilaba beber cerveza en litrona.

En mis primeros años de batalla, los teletipos llegaban a las redacciones en tubo, los primeros ordenadores eran casi ortopédicos, tardaban un lustro en arrancar, y se escribía casi peor que en una simple máquina de escribir de toda la vida, porque estaba todo lleno de claves, y si por error tocabas la tecla equivocada, se te iba el artículo al carajo, cuando ya lo tenías listo y solo faltaba poner la firma y cuando tu jefe estaba pidiéndote la hora.

Después llegaron ordenadores más caritativos con el trabajo de uno, el color, las primeras maquetas en pantalla -porque hasta entonces y aunque parezca del jurásico, las páginas se montaban y se maquetaban con un simple cuter y pegamento antes de ir a las planchas para imprimirse-.

Y la vida de pronto sufrió una especie de parón. Fue como si el tren en el que viajaba el mundo parara en una estación y al ponerse en marcha de nuevo se hubiera convertido en un tren bala. De pronto todo en nuestras vidas arrancó con una fuerza inusitada. Se instauró la velocidad, la prisa, la inmediatez, el instante, y esto ocurrió desde el mismo momento en que irrumpió en nuestras vidas internet, los móviles y el mundo del ciberespacio. Ha ido todo tan rápido.

Desde entonces todo corre más, vivimos sin aliento. Antes las noticias, decían que volaban, ahora simplemente han envejecido a la media hora de publicarse. Los muros de los periódicos, las páginas web, son como un Tetris gigante de noticias que siempre tiene hambre, donde las últimas que van llegando se comen a las más viejas, las van relegando a la zona baja hasta que acaban siendo eliminadas, enviadas al agujero negro del ciberespacio, como una especie de inmenso basurero de lo intangible donde ya nadie podrá recordarlas, al haber perdido su valor, su interés, por muy importantes que fueran en su momento, por mucha tipografía y prosopopeya con la que hicieran su aparición como exclusivas una mañana.

Me pregunto por la inmensa cantidad de noticias que vagarán como espíritus sin vida en lo que llaman ciberespacio.

Recuerdo, cuando unos a otros, los compañeros reporteros nos reprochábamos que para qué tanto esfuerzo, si tu reportaje -al que habías dedicado horas o incluso días de trabajo- iba a acabar irremediablemente sirviendo como envoltorio del bocata de sardinas de desayuno de algún currito como nosotros. Al menos era algo tangible. Internet y sus noticias no lo son tanto. Las noticias ya no se saborean como en papel. Siempre me he preguntado cuántos curritos se habrían leído mis artículos a pesar del papel grasiento, mientras se comían su bocata. ¿Es que a caso puede haber un periodismo más tangible? ¿Puede haber un periodismo más útil, más provechoso que el de entretener a alguien mientras disfruta de su momento bocadillo?

A esta edad, y con casi treinta años de profesión siento que algo se pierde para siempre y nunca volverá. Nada será igual. De hecho ya no es igual. Con la desaparición y muerte definitiva de la prensa de papel, asistimos al entierro de una forma de entender el periodismo, de la forma misma de contar historias cotidianas, y aunque podremos seguir contándolas, yo no será lo mismo.

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