EFE

Perdone que no me ría

Nos las prometíamos felices con las vacunas, pero las noticias negativas no paran de sucederse

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

No hace doce meses nos aprestábamos a entrar en el año 2021 rebosando optimismo, barruntando una sucesión de parabienes, hasta el punto que se llegó a decir que se avecinaban otros felices y jacarandosos años 20. Las vacunas contra la covid-19 eran el elixir al que todos nos agarrábamos para enterrar mascarillas, confinamientos y todos los padeceres y pérdidas que nos había provocado el maldado virus.

Nos acercamos a final de 2021 y el optimismo ha tenido que irse atemperando, cuando no tornándose decepción. La pandemia perdura y una sexta ola asoma mucho más acá del horizonte. La inquietud no ha podido ser desterrada, nuevas restricciones acechan y la incertidumbre parece ser la definición de la nueva normalidad, aun cuando las vacunas hayan aliviado los contagios y la economía, en consecuencia, recuperado algo de tono, pero en ningún caso cumpliendo los pronósticos.

Nos las prometíamos felices creyendo que en 2021 todos los males se acababan y que de la pesadilla íbamos a salir mejores. También nos dijeron que la crisis del 2008 serviría para refundar el capitalismo. Sin embargo, no parece que nos den muchos motivos para reír. Las noticias negativas se suceden, sin faltar los mensajes apocalípticos, como si no nos quisieran dar un mínimo respiro. Ahora nos hablan de un gran apagón, de crisis de suministros, de evidente peligro de desabastecimiento, de inflación disparada, de precio de la luz fuera de control al igual que el de las materias primas, de recuperación económica corregida a la baja, mientras contemplamos como vuelven a tensionarse zonas cercanas (Marruecos-Argelia, Bielorrusia-Polonia) y comprobamos como la lucha contra el pavoroso cambio climático que ya tenemos encima no es capaz de concitar consenso y en la cumbre de Glasgow los dirigentes mundiales no son capaces de sellar algo más que un simple acuerdo «imperfecto», mientras se dilatan las medidas que debieran corregir la malsana deriva actual.

Y aquí, en estas islas nuestras, encima, como no teníamos poco paro, pobreza, desigualdad, carencias asistenciales..., un inclemente volcán torna aún más gris el futuro. El reto, pues, es de órdago y, antes de que la decepción se instale en todos, sucumbamos a los agoreros y la fatiga social se cronifique poniendo más dificultades a la necesaria recuperación, hay que aplicarse en agilizar las ayudas prometidas y corregir con urgencia ese escasísimo nivel inversor de las cuentas públicas, que a finales de septiembre registraba sólo un 22% de los presupuestado para el año.