Momento en que despega el helicóptero que lleva a Joe Biden a su visita a Tusla, en Oklahoma. / EFE

Pedagogía antirracista

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

«Colonizar para los españoles no es explotar a un pueblo sometido, sino, por el contrario, es elevarle, es vigorizarle con la savia fecunda del amor, de la fe y de la cultura». Esta es la locución, textual, de un documental propagandístico emitido durante la Dictadura, entre los años 40 y 50, para explicar su posición en Guinea Ecuatorial. Lo llamativo del texto está en las imágenes que le dan soporte. Mientras se escucha la voz en off, un grupo de guineanos ayuda a dos españoles a bajarse de una barca en un río. Los llevaban a cuestas para que no se mojasen los pies. Es decir, se vendía que España no trataba a los africanos como los demás países, pero los usaban como mulas de carga.

Este pasaje aparece recogido en el documental 'Memoria Negra', sobre la colonización española de Guinea Ecuatorial, y sirve para ejemplificar hasta qué punto ha llegado a estar normalizado el racismo. A otra escala, es como el machismo. Ha calado tanto, que no siempre es fácil identificarlo, pero eso no quiere decir que no exista y que no haya que combatirlo.

Por eso, para mantener esa necesaria pedagogía antirracista y por respeto a la memoria histórica de las víctimas, se vuelven vitales gestos como el de Biden, que esta semana visita Tulsa, en Oklahoma, escenario de aquella brutal masacre racial de hace 100 años que luego fue borrada, incluso por las instituciones.

Ahora que el racismo ha vuelto a sacar la patita refugiándose en una libertad de expresión que, de ninguna manera, da derecho a denigrar a otro ser humano, es bueno mantener firme el discurso. El racismo no es una opinión, es un delito de odio y está recogido en nuestro Código Penal. Visto lo visto en fechas recientes, habrá que recordárselo a más de uno. Y de una.