Un mes después del 8-M

Parón en medio del servicio

06/04/2018

Dicen que este es nuestro año. Que con la mayoría de edad del milenio las mujeres adquieren por fin la posición que les corresponde, la que las coloca a la misma altura que los hombres. Ni más, ni menos. La conciencia colectiva femenina va en una misma dirección. Y sino que se lo digan a la calle Triana, que hace un mes fue testigo de una manifestación histórica. Las feministas organizaron una huelga que no contaba con el respaldo de todos los partidos pero cuando terminó, con millones de mujeres en la calle en toda España, fue aplaudida por todos.

Un día antes y no antes decidí hacer la huelga de 24 horas. Fue movida por la frase de una de mis mujeres admiradas: «¿Sabes qué? Tenemos motivos más que suficientes para hacerla».

Marzo ha pasado poniendo en evidencia no solo la convivencia con la desigualdad sino las ganas y el compromiso de una sociedad que quiere acabar con ella. «¡Nosotras sí somos la manada!», gritábamos hace un mes. Y es que seguimos siendo las «¡qué ayudante tan guapa!», cuando en realidad ejercemos de jefas. Somos las que, reunidas con hombres, conseguimos ser escuchadas al tercer o cuarto intento. Las mismas «antipáticas» que no responden o rechazan los piropos de desconocidos. «¿Y qué hago con tu piropo, mi niño? ¿Me lo cargo al hombro?», decía una pancarta el pasado 8-M.

El parón sí tuvo repercusión. En un hotel del sur de Gran Canaria, las camareras abandonaron sus funciones veinte minutos para concentrarse y, cuando regresaron, se encontraron no solo con el caos en el restaurante sino con la plantada de machanga de sus propios compañeros. «¿Cómo se van en medio del servicio?», reclamaron enfadados. Suerte que una de ellas les recordó que, básicamente, era su derecho. No se hizo más sangre. «Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede», ojalá algún día quede claro del todo.