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Que no pare la fiesta

En estas últimas semanas parecía (pongo comillas) que ya empezábamos a ver la luz al final del túnel. Ya se empezaba a atisbar un rayo de esperanza en este cielo encapotado. Pero no

Luis M. López
LUIS M. LÓPEZ Las Palmas de Gran Canaria

El mundo ya no es lo que era. Todo ha cambiado y nada es igual. Hasta los seres humanos somos distintos. Desde la aparición del covid-19 nos hemos vuelto más herméticos y temerosos. Ya no somos tan abiertos como antes, nos hemos vuelto más desconfiados. Somos otros. Si retrocediéramos tres años en el tiempo, estoy seguro de que nos sorprendería ver cómo hemos cambiado.

En estas últimas semanas parecía (pongo comillas) que ya empezábamos a ver la luz al final del túnel. Ya se empezaba a atisbar un rayo de esperanza en este cielo encapotado. Pero no.

Ni siquiera se ha dado por finalizada la pandemia de covid-19 y ahora resulta que ha surgido una enfermedad nueva con nombre de animal llamada «viruela del mono».

Y yo me pregunto: ¿hasta cuándo seguiremos en esta situación? ¿Por qué están surgiendo tantas enfermedades en tan poco tiempo?

Algunos dirán que los problemas sanitarios que estamos viviendo actualmente están produciéndose a raíz de una conspiración farmacéutica mundial cuyo objetivo es producir vacunas para venderlas en masa y seguir enriqueciéndose.

Aunque esto puede ser perfectamente el argumento de un antivacunas. El caso es que, haya salido de donde haya salido esta enfermedad, está claro que ya es una realidad. Una realidad que se podría haber evitado con más control y regulación. Pero parece que no hemos aprendido nada.

Vigilar la enfermedad desde el minuto uno puede marcar la diferencia entre pandemia o caso aislado.

La clave, creo yo, está en enviar más material sanitario y de calidad a aquellos países más propensos a este tipo de enfermedades y emplearlos desde el primer caso. Solo así podremos poner fin a esta época de enfermedades tan extrañas.