Lunes en África

Pacto de tensiones

21/07/2019
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Si la cosa no termina de torcerse a última hora, esta semana saldrá del Congreso de los Diputados un gobierno inédito en España. Que sea un gabinete de izquierdas, incluso progresista, aún habrá que verlo, porque las costumbres no siempre coinciden con las etiquetas, y todo lo conocido hasta ahora es que los presuntos aliados que habrán de llegar no completan una semana sin torcerse mutuamente uno o los dos brazos. Todo indica que esta será la dinámica elegida para recuperar la confianza del electorado; un pacto de tensiones que tendrá que medir el impacto de sus golpes todas las mañanas en la Bolsa. De momento, los tres meses de cuarentena que acumula la negociación negativa de Pedro Sánchez, esa manera de gestionar al ralentí las causas de la patria, evidencian que no siempre gobernar es tarea próspera. O sea, se puede prosperar sin gobierno, sin nuevas leyes, sin alterar el orden de las cosas.

Si se añade a la cuenta el largo prólogo electoral abierto desde marzo, podrá comprobarse que no es urgente ni importante explicarle a usted algo parecido a un programa. La petición de avales que se avecina en el debate de investidura, por su propia configuración, tramitará menos requisitos que los exigidos a las hipotecas familiares en cualquier sucursal bancaria. Frente a las dilaciones acumuladas, la urgencia de resolver el expediente en cuatro días ofrece las coartadas propias del poder. Donde las cifras no cuadran, aplíquese elevada dosis de confianza y ya mañana se verá. Especialmente con las pensiones, cuyo debate ha desaparecido de los platós y de las calles, porque es verano y el calor conduce a la playa antes que al futuro. Por salud pública, todas las promesas deberían llevar impresa la fecha de caducidad, como los yogures. Fuera de plazo, son tóxicas.