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Gases de efecto invernadero: Gestión
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Gases de efecto invernadero: Gestión

La cuestión de fondo que se evita con gran frecuencia en el debate ambiental es identificar que el elemento crítico no es la mayor o menor precisión en la determinación de los indicadores o en el resultado de las predicciones o en su alcance

Octavio Llinás

Sábado, 18 de mayo 2024, 21:46

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Las referencias continuadas a la situación del crecimiento constante de los GEI (Gases de Efecto Invernadero), sus efectos directos, conexos y los compromisos para su control, incluso sobre la negación total o parcial de su existencia y consecuencias, forman parte del escenario de información de fondo que alcanza picos puntuales por la aparición de datos específicos relevantes o por circunstancias diversas, en general todo tipo de catástrofes que se relacionan en mayor o menor medida con el Cambio Climático que el aumento de GEI 'producen'.

La atención sobre la presencia de cantidades y evolución espacio temporal de estos gases como su denominación trata de reflejar, se deriva de ser los responsables por su presencia del aumento de la temperatura global del planeta con sus efectos correspondientes, implicados en el concepto de Cambio Climático objeto permanente de debate desde múltiples puntos de vista.

Los GEI juegan un papel relevante por cuanto son elementos críticos en el sistema climático global. Pueden ser medidos con precisión, indicadores fácilmente visibles que junto con los valores de temperatura media son referencias habituales para reflejar la situación global en cada momento.

A pesar de la calidad de los datos de los GEI como indicadores eficientes de la realidad global, es claro que el entendimiento del clima global, las causas y efectos de su situación es una realidad de la mayor complejidad, que sigue reclamando mejoras importantes en la capacidad de observación, análisis y predicción.

Adicionalmente, la comprensión y explicación de esta situación se complica sobremanera cuando se trata de proyectar la visión global de escala planetaria a espacios de menor dimensión, donde la cantidad y calidad de conocimiento disponible indica la existencia de áreas con carencia generalizada de información.

Es cierto que el desarrollo de la potencia, cantidad y eficacia de los modelos de análisis y predicción soportados adicionalmente por la extensa capacidad de observación global apoyada en las nuevas generaciones de satélites, permiten soslayar en primera aproximación esta situación, pero igualmente es conocido que el significado de los resultados para las áreas pobremente observadas tiene grandes limitaciones (esta realidad no suele ser evidente y en consecuencia no repercute en la percepción general y particular del problema).

Como referencia:

En España, la Red Nacional de Estaciones de Observación de GEI integrada en la Red Europea ICOS (por sus siglas en inglés: Integrated Carbon Observation System), está compuesta por cinco estaciones: dos atmosféricas (observatorio Izaña y el Arenosillo); dos oceánicas (CanOA y ESTOC) y una de ecosistemas (Majadas Tietar).

Como referencia adicional, hay que indicar que la Red ICOS se constituye muy recientemente cómo Infraestructura Europea (Consorcio) de investigación en octubre de 2016, incorporando algunas Iniciativas preexistentes.

Los elementos nacionales de la Red no son muchos, claramente insuficientes y distribuidos en el espacio como consecuencia de circunstancias coyunturales, por ejemplo, en Canarias:

El Observatorio Atmosférico de Izaña, el más antiguo nacido en 1916 por impulso de la institución meteorológica alemana en aquel momento.

La Estación de Series Temporales Oceánicas de las Islas Canarias ESTOC, iniciada en 1996 desde el Instituto Canario de Ciencias Marinas ICCM, impulsado por el Cabildo de Gran Canaria (en el contexto de proyectos de observación oceanográficos internacionales).

Teniendo como referencia esta situación en Europa y España es fácil entender cómo puede ser la realidad en grandes zonas del planeta.

La cuestión de fondo que se evita con gran frecuencia en el debate ambiental es identificar que el elemento crítico no es la mayor o menor precisión en la determinación de los indicadores o en el resultado de las predicciones o en su alcance. La cuestión clave es: el coste de detener el Cambio, de paliar sus consecuencias y quién y cómo lo tiene que afrontar.

Es cierto que en los últimos COP (como se conoce la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), se empieza a avanzar en la disponibilidad de un fondo (fondos) en general, para ayudar a los países que claramente no tienen la capacidad de controlar sus emisiones de CO2 ni de paliar sus consecuencias.

Es justamente el coste y su distribución la base sobre la que se sitúa las posiciones del negacionismo para los que: Sí los recursos que son necesarios para detener-paliar el cambio climático no hacen falta, éstos se pueden dedicar a las 'mejoras de todo tipo' para el entorno social que corresponda.

La complejidad es intrínseca a la situación, por cuanto la emisión de GEI históricamente y en la actualidad es asimétrica: Han sido y son un número reducido de países los principales causantes de la situación por ser los grandes emisores y los combustibles fósiles continúan siendo las principales fuentes de GEI, que han sido y siguen siendo todavía en muchas zonas del planeta el principal soporte de la actividad económica.

Se ha de dedicar tiempo y esfuerzo para avanzar hacia el equilibrio imprescindible que haga posible el futuro de la humanidad en el planeta, pasando imprescindiblemente por una acción solidaria concertada que ha de entenderse y construirse desde cada realidad concreta.

Conseguir el cero emisiones de CO2 en Canarias tiene un coste económico y social importante, sin embargo, la consecuencia global de alcanzarlo es básicamente marginal, aunque, por otro lado, las decisiones que se tomen y ejecuten en lugares y sociedades muy alejados de Canarias si van a ser determinantes para los efectos del Cambio Climático en el Archipiélago.

Esta realidad solo se puede abordar asumiendo lo que 'de contribución global' tiene abordar el problema en cada lugar, a la vez que tratando de maximizar los beneficios que el tránsito (por su propio coste) va a producir, radicando la mayor parte de la actividad económica necesaria para hacerlo lo más cerca posible, teniendo en consideración que el control directo de emisiones no produce el núcleo de sus efectos en su mismo entorno local, pero la actividad económica para hacerlo sí.

En consecuencia, adicionalmente es imprescindible entender que además de las acciones de reducción-eliminación de la emisión de GEI necesaria, se han de tomar medidas, preparar y empezar a desarrollar estrategias de mitigación específicas y localmente muy claras, ya que éstas son las únicas que partiendo de la responsabilidad local pueden tener consecuencias en el entorno más cercano.

La actividad socioeconómica del proceso general de mitigación va a ser importante y creciente. Que se radiquen o no sus beneficios y mejore la comprensión e implicación de las sociedades locales en el entorno inmediato va a depender de la proximidad con que se realice el diseño, la planificación y ejecución de las estrategias necesarias.

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