Lunes en África

Obediencias

02/04/2018

Ayer se cumplieron 25 años del «primer gobierno de obediencia canaria», como lo definió Antonio González Viéitez en aquellos días revueltos. Sin fastos ni chácaras ni concentración de masas. Sin voladores ni homenajes a los padres fundadores, sin banderas en los balcones, ni discursos ilustrados en las plazas. El nacionalismo canario gobernante durante el último cuarto de siglo mantiene actitud de penitente y recorre sus pasiones en silencio. ¿Por qué no tiene nada que celebrar?

El 31 de marzo de 1993 Manuel Hermoso sacó a Jerónimo Saavedra de la presidencia del Gobierno de Canarias, y constituyó un gabinete de concentración con lo mejor de cada casa. Desde Dimas Martín a José Carlos Mauricio, Coalición Canaria aglutinó intereses y cambió el mapa de la política canaria. Rompió el eje de la derecha y de la izquierda, y generó en Madrid una máquina que convertía en monedas los desajustes del Gobierno del Estado. El vaciado ideológico resultó una trampa en la que se ahogaron los movimientos más progresistas de la sociedad, y ahora, recientes evidencias apuntan un renovado entendimiento entre las familias de la derecha, las de toda la vida.

El mundo ha cambiado en estos años, cualquier viajero lo percibe. El euro desplazó a la peseta sin alterar la economía de las islas. La intensificación de la industria turística aporta una riqueza mal repartida, y genera dependencias incapaces de articular cualquier dimensión de soberanía. La batalla de la financiación autonómica, con sucesivas reformas, hizo que Canarias perdiese más de 800 millones de euros anuales, sin nadie que devuelva lo incautado. Estos defensores de la patria se niegan a modernizar el sistema electoral, que les aporta estimables nutrientes al pesebre. Ya no gastan en tenderetes. Nunca aprendieron a agradecer los servicios prestados.