Nueva Alemania, nueva Europa

El tripartito de Berlín tiene mucho que decir sobre la Unión Europea

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Alemania ya tiene nuevo pacto de gobierno: finalmente los socialistas alcanzaron un acuerdo con los liberales y los ecologistas, una coalición que pondrá fin a década y media de poder conservador con Angela Merkel al frente. El casi desconocido Olaf Scholz será el nuevo canciller y eso a pesar de que en el inicio de la campaña electoral aparecía como el tercero en las encuestas y casi seguro perdedor.

Veremos cómo funciona la coalición, máxime teniendo en cuenta que en Alemania, como república federal que es, la cancillería suele estar sujeta a los vaivenes electorales en algunos estados con gran peso económico o demográfico. Pero es evidente que los firmantes de la alianza harán todo lo posible por no romper, tanto por el sentido de Estado como por el hecho de que sus respectivos partidos precisan de tiempo y estabilidad para asentarse y mejorar sus expectativas.

Además de las urgencias derivadas de la pandemia, con un repunte de contagios muy preocupante en la propia Alemania, el tripartito tiene que mucho que decir en la nueva etapa de la Unión Europea tras la salida del Reino Unido. Berlín lleva varias décadas marcando el paso, en gran medida haciendo pinza con París, pero todo eso se ha diluido. Además, Alemania, que afrontó una reunificación compleja pero casi modélica, tiene unos vecinos del Este que entraron demasiado deprisa en el club comunitario pero que no tienen muy claro que la UE debe ser algo más que una fuente de dinero. Y también Alemania puede ser determinante en materia de seguridad, primero por su condición de polo de atracción de inmigrantes del norte de África y, en paralelo, porque fue un aliado esencial para Estados Unidos, país que ya se ha cansado de ser gendarme de medio planeta y que reorienta sus prioridades hacia la vigilancia del gigante chino.

En la coctelera hay que meter igualmente el hecho de que Alemania tiene mucho que decir en las tensiones energéticas que vive Europa, con una mezcla de factores que incluyen el control de los suministros de gas y la apuesta institucional por la descarbonización. En ese sentido, será interesante ver cómo conviven en el Ejecutivo germano las muy diferentes oposiciones de Los Verdes y los liberales, sobre todo en un país tan industrializado.

Con todo esto sobre la mesa, será difícil que de entrada Scholz tenga en Europa el protagonismo que se ganó a pulso Merkel. Pero quizás la UE debería preguntarse si parte de su fracaso no reside precisamente en la decisión de subordinarse la toma de decisiones a Berlín más que a Bruselas.