Pablo Iglesias, este lunes, en un acto público. / EFE

No es lo mismo

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

No, no es lo mismo un exiliado de la dictadura de Franco que un fugado de la justicia española actual como Puigdemont, como declaró estos días el vicepresidente del Gobierno de España, Pablo Iglesias. Y en este caso la comparación se hace especialmente odiosa, por lo que implica poner en una misma balanza a un sistema democrático, legitimado por los ciudadanos a través de una Constitución avalada por un referéndum, y una dictadura fruto de un golpe de Estado y una posterior Guerra Civil. Resulta incluso ofensiva para todos los que tuvieron que abandonar para siempre su país y en las condiciones en que lo hicieron. A Puigdemont le están financiando, y de forma holgada, su huida de las leyes españolas, leyes que, por cierto, quiso quebrantar. A veces tengo la sensación de que Iglesias juega a actuar de quintacolumnista del gobierno al que pertenece. Y no, aunque el derecho a la libertad de expresión nos ampara a todos, un vicepresidente del Gobierno no puede comportarse como un parroquiano cualquiera. Hay cosas que, en su lugar, si las piensa, es mejor no decirlas.

Como tampoco es lo mismo comparar un sentimiento racista, siempre rechazable, con la lógica y legítima reacción de preocupación que estos días está provocando entre la ciudadanía los cada vez más frecuentes incidentes violentos protagonizados por inmigrantes en la zona sur de la isla. La tolerancia hacia esas conductas ha de ser cero. El Gobierno ha de reforzar la seguridad. No actuar ya, cuanto antes, puede alimentar la xenofobia y generar una mayor conflictividad social. Iglesias, pero también Podemos y el PSOE deberían mirar más a Canarias y menos a Puigdemont, que ya tiene quien le defienda.