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Entre España y la iglesia católica

Entre España y la iglesia católica

Desde los últimos años de la Iglesia católica española como poder omnímodo hasta 2023 más que cuarenta años han pasado, por suerte, profundísimas transformaciones en la sociedad

Nicolás Guerra Aguiar

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 14 de abril 2023

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Según los ultimísimos estudios científicos sobre el Teide, este esconde a solo diez kilómetros de su boca «un corazón caliente». El magma acumulado en su interior (productos líquidos, sólidos y gases) tiene toda la apariencia o indicio de una futura erupción volcánica. Ya desde 2016 (riguroso trabajo de investigación publicado en 'Journal of Geophysical Research', 2023) la mayor sismicidad y la emisión de dióxido de carbono apuntan, precisamente, hacia el efervescente magma en muy lenta pero imparable ascensión.

Algo así parece avistarse en este país, pero en el exclusivo plano de la secular tradición católica española (¿acaso lo adelantan el PP y sus coqueteos con los evangelistas colombianos?). Obviamente no se trata de lava acumulada a kilómetros de profundidad ni, por supuesto, de futuras explosiones. No obstante, a través de nuestra imaginación podríamos comparar simbólicamente los desajustes espirituales de esta sociedad en el tema religioso con las convulsiones internas de Echeyde.

Cronológicamente, desde los Reyes Católicos (finales del XV) hasta Felipe VI la España de los Austrias y los Borbones estuvo impregnada de absoluto y único pensamiento católico. La conjunción Iglesia – monarquía llegó a ser una sola unidad de destino en lo universal: sus intereses coincidían. Y aunque a veces se produjeron divergencias, con rapidez y agilidad las asperezas eran limadas: a fin de cuentas la debilidad de uno implicaba pérdida de autoridad del otro. No obstante, hubo excepcionales momentos en los cuales la defensa de beneficios significó enfrentamientos. Así, las tropas hispanoalemanas del emperador Carlos V saquearon Roma (1527) por la guerra contra el papado. Clemente VII mantuvo, desde entonces, sumisión casi total al emperador español.

Tal entente cordial Iglesia – Estado español llega hasta finales del siglo XX. El Vaticano legitimó el levantamiento franquista y la sangrienta represión posterior («Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios» rezaban algunas monedas; «España, reserva espiritual de Occidente»). La sublevación contra la República fue bendecida como «Cruzada contra el ateísmo»; Franco entraba a las catedrales bajo palio; cardenales y obispos saludaban con el brazo en alto, a la manera fascista… La Dictadura, entonces, se vuelca con millonarias ayudas a la Iglesia, casi monopolio de la enseñanza, exención de impuestos, reconocimiento de miles de propiedades... Lo cual, a su vez, implica bárbaras venganzas, imposiciones ideológicas, regreso a trasnochados y a veces 'inquisitoriales' planteamientos. Es decir, olvido del mensaje de Cristo e imposición del absolutismo eclesial católico.

Desde los últimos años de la Iglesia católica española como poder omnímodo hasta 2023 más que cuarenta años han pasado, por suerte, profundísimas transformaciones en la sociedad. El fortalecimiento de la investigación científica (fue la Ciencia quien venció al covid-19), el acceso de los jóvenes a otras fronteras, su rechazo a planteamientos muy respetables pero hoy desfasados (como la condena eclesial a abortos, a relaciones de pareja sin matrimonio, a personas trans, eutanasia, matrimonios civiles entre individuos del mismo sexo…) y otras muchísimas causas comienzan a resquebrajar la relación Iglesia católica – nueva sociedad.

Los jóvenes de hoy, en un muy elevado tanto por ciento, no mantienen vínculos espirituales con la institución religiosa («España deja de ser católica: ya hay más ateos y no creyentes católicos practicantes», titulan algunos periódicos españoles). Solo veinticinco de cada cien van a misa y confiesan; crece el número de indiferentes (muchos exalumnos ya puretillas no tienen ningún interés); aumentan agnósticos y ateos debido (religiondigital.com) a la «progresiva secularización» de nuestra sociedad: según algunos obispos, a mayor índice cultural, mayor ruptura. Disminuyen vertiginosamente bautizos, comuniones, bodas (el ochenta por ciento de estas, solo civiles) y, además, faltan vocaciones para los seminarios: ¿por qué?

¿Qué sucede en las actuales relaciones de nuestras instituciones con la Iglesia? A pesar de la hipotética aconfesionalidad del Estado, el Gobierno del señor Sánchez es magnánimo y dadivoso: la Iglesia (católica) sigue económicamente muy protegida (sin embargo, la Constitución de la Segunda República fue taxativa: «El Estado y […] no mantendrán, favorecerán ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas»).

¿Y la Monarquía? Un titular de CANARIAS7 ('Los Reyes y sus hijas acuden por sorpresa a la Semana Santa de Chinchón') del pasado domingo me sorprendió. Y no precisamente por ser quienes son, ni tan siquiera por la asistencia a distintos actos religiosos relacionados con la Iglesia católica... acaso por sentimientos muy respetables, ya como personas interesadas en tales teatralizaciones callejeras.

La razón es otra, directamente relacionada con la señora Ortiz Rocasolano (esposa del señor Borbón y Grecia): según había leído (elnacional.cat), «Letizia aleja a sus hijas de la religión». Acaso es así: en su asistencia a muy pocos y seleccionados actos públicos ninguno de ellos tiene que ver con la Iglesia católica ni, por supuesto, con otras. (Podría darse el caso, quizás, de que en el ejercicio como jefa de Estado se viera a Leonor en actos de confraternidad con los evangelistas... si gobernara el PP, hoy convertido a tal Iglesia colombiana, ¡aleluya!)

Pero, por el momento, su madre la mantiene alejada de las íntimas relaciones que Austrias y Borbones han fortalecido hasta casi su plena identificación desde que apareció en España el estado moderno allá en los albores del Renacimiento. La Iglesia católica cedió catedrales, palios, obispos, cardenales y patriarcas potestades exclusivamente para bodas, bautizos, entronizaciones, entierros y funerales de quienes ejercían el poder (inclúyase también a algún dictador). Tal es el estado de alarma o alerta que el mismo periódico intitula en otra página una segunda noticia: «Leonor tiene a los 'jefes' de la iglesia católica con un ataque de nervios».

Ya no se trata, en fin, de que sin religión no hay sociedad posible tal como afirma un candidato conservador galdosiano. Y se pregunta: «¿Adónde llegaría el frenesí de las masas estúpidas e ignorantes si el lazo de la religión no enfrenara sus malas pasiones?». Sin embargo, la libertad de culto es un derecho rigurosamente inviolable, básico. ¿Pero se ha planteado la Iglesia católica a qué se debe la acumulación del simbólico magma en sus interioridades? ¡Ni tan siquiera su eterna aliada..!

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