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J.Morgan
¡Que baje Dios y lo vea!
Voces, palabras

¡Que baje Dios y lo vea!

Nicolás Guerra Aguiar

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 17 de mayo 2024, 23:11

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Cuando en la del alba del pasado martes me detuve ante la viñeta de J. Morgan (CANARIAS7), me satisfizo el descubrimiento. Había encontrado el punto de partida para dar cuerpo gráfico a una idea que me venía bullendo desde el día 11 y leída en ABC de Andalucía. Se trataba de dos aspectos: el casi absoluto silencio político – social en nuestro país y el extravío visual ciudadano sobre la 'feria de armas' ('Aerospace and Defense Meetings-ADM Sevilla'). Esta se celebraría en la capital andaluza del 14 al 16 de mayo.

Es decir, en un recinto oficial pagado con nuestros impuestos y donde (2023) había intervenido el cantante Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura «por haber creado una nueva expresión de poesía a través de canciones norteamericanas». Sí, Bob Dylan, el máximo representante de la canción protesta años atrás y cuyas palabras hablan de paz, filosofía, compromisos sociales...

Y como en tales mercados lo que está en exposición y a la venta también son los más ultrasofisticados medios para destruir, masacrar y aniquilar en horas veinticuatro a centenares de millones de personas, infinitas hectáreas de naturaleza, fuentes imprescindibles de vida animal… sus organizadores le dieron un nombre mucho más familiar, relajado y relajante, casi angelical mensaje de paz y prosperidad: «Encuentro de negocios internacionales de la industria aeroespacial y de defensa» (¡qué cinismo, cuánta retorcida burla!)

Así, la industria pone el producto; el Ayuntamiento sevillano presta o alquila el espacio físico (Palacio de Exposiciones y Congresos) y la Humanidad aportará los muertos como las víctimas de fanatizados yijadistas, la organización terrorista Hamas e Israel, cuya actividad asesina de miles y miles de criaturas humanas gazatíes ni tan siquiera sonroja a la vieja Europa tan cargada de filosofías, cantos a las libertades, buenas palabras, aparentes desencuentros… y tan llena de complejos armamentísticos en busca de mercados. (No olvido a ucranianos, soldados rusos, poblaciones civiles condenadas a la existencia...)

Ante la viñeta mi imaginación intuyó en Morgan un aviso, una premonición: o potenciamos simbólicamente el caudal visual (mensaje de la mujer) para ver muchísimo más allá de nuestro entorno o nos conformamos (su marido) con lo inmediato, solo lo que está al alcance de nuestros ojos pero infinitamente lejos de capacidades deductivas, inteligencia, luces ilustradas... O desparramamos la vista o cualquier día el novísimo material expuesto en Sevilla se empleará en Gaza, Ucrania, Magreb, Irán, Corea… o quizás contra nosotros mismos en aguas canarias, tan estratégicas para las previstas actuaciones ante los malos, perversos y siniestros enemigos, tan ruines ellos... los hipotéticos desestabilizadores.

Y quizás por deformación profesional (del todo ajena al tema militar) vino a la mente, sobre la marcha, una curiosidad: ¿fue el señor Morgan con su hipotética idea mi musa inspiradora ('musa', gramaticalmente, es palabra femenina) o, acaso, debía usar voces como 'muso, numen', términos masculinos con muy próximos significados? Permítame pues, estimado lector, romper el hilo del inicial tema e intercalar, por tanto, una meditación puramente lingüística.

Por tal motivo me remonté a los primeros años del aula. Y extraje de mi archivo escolar de pollillo saltaperico una regla gramatical absolutamente demoledora, nada científica, pero reiterada con insistencia: los nombres españoles terminados en 'o' son masculinos; y los acabados en 'a' pertenecen a la categoría opuesta, es decir, la femenina  («también están los neutros», añadían).

El paso de los años y nuevas aulas me descubrieron que incluso en aspectos lingüísticos la educación española (salvo casos aislados) había echado el ancla en el siglo XVII como exaltación de los valores patrios y, por tanto, «la nueva orientación de la enseñanza es [era] netamente católica y de la más sana tradición española». Así, desde el levantamiento fascista de 1936 la definió el cura Socorro Pérez, miembro muy activo de la Comisión Depuradora C de Las Palmas. Denunció, persiguió y expulsó del aula a profesores educados en los principios de la Institución Libre de Enseñanza: esta pregonaba y defendía la libertad de cátedra, la educación laica y liberal y el desapasionado estudio de la ciencia.

Tal disparate sobre palabras masculinas (terminación 'o') / femeninas (-a) cae por su propia pobreza intelectual. Así, por ejemplo, si las voces «arpa, crucigrama, idioma, poema...» son masculinas y «mano, moto, ratio, foto….» figuran como femeninas, puede concluirse que el género gramatical es, salvo casos aislados, arbitrario. Es decir, depende más de libres voluntades de sus usuarios iniciales que de razones, evidencias o contundentes argumentos e, incluso, sexo. Este vale para distinguir entre niño / niña, lobo / loba, perro / perra. Pero, ¿qué características sexuales podríamos esgrimir para considerar la masculinidad de 'idioma' o la feminidad de 'moto'?

Por tanto, estimado lector, insisto: ¿sería grave incorrección lingüística (y sospechosa inclinación) que yo me refiera al señor Morgan, autor de esta comentada viñeta, como 'la musa inspiradora'? ¿Acaso invitaría al lector a una sonrisita coñona, más jeringona cuanto más imaginativa sea y relacione la denominación con tendencias hacia 'la acera de enfrente' burda metáfora de años atrás?

Porque musas inspiradoras haberlas haylas en nuestra literatura universal, pero siempre entre el poeta (hombre) y la fuente inspiradora (la dama). Así, Beatriz fue musa para el italiano Dante Alighieri; Isabel Freire para Garcilaso de la Vega; la Pleurante del sepulcro de Tomás Morales es denominada 'Musa' por Victorio Macho, su escultor (cementerio de Las Palmas); Leonor y Guiomar son dos de Antonio Machado…

Pero nuestra lengua y ese maravilloso instrumento de uso diario que es el Diccionario de la Academia Española (popularmente conocido como DRAE) juegan a mi favor. Si en la primera acepción o significado define el término musa (nada que ver con la marca Musa de una añeja mayonesa) como «Cada una de las nueve deidades que, según el mito […] protegían las ciencias y las artes liberales», la segunda es definitiva: «Inspiración del artista o escritor». Por tanto, y en este caso, se refiere a la consecución o nacimiento de ideas en el ánimo o la mente.

Así, poner 'muso' en lugar de musa cuando de inspiración se refiere es tan irregular gramaticalmente como decir que «Los tortugos ocupan la piscina a las siete de la mañana» para indicar la ausencia de mujeres en la misma. Y la construcción «El señor Morgan fue mi musa con su viñeta» es, lingüísticamente, tan correcta como «… fue mi inspiración, mi vena» (con la particularidad -¡qué sabia es nuestra lengua!- de que las voces inspiración – vena son... gramaticalmente femeninas).

Ante la ilustración morgana, pues, sentí la referencia a la ceguera casi generalizada. Y por tal razón vuelvo a levantar mi voz, mis palabras, mis sentimientos éticos, mis débiles fuerzas y mi casi solitaria soledad para añadirme a quienes desde la conciencia denuncian (denunciaron) la celebración de una feria de la atrocidad en territorio andaluz con el visto bueno del Partido Popular. A fin de cuentas, la feria («...industria aeroespacial y de defensa») fue organizada por la Junta de Andalucía y la empresa francesa BCI Aerospace.

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