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N.G.A.
Entre aprendizajes y saberes: un exalumno, un exprofesor
Voces, palabras

Entre aprendizajes y saberes: un exalumno, un exprofesor

Me habló de su migración a Venezuela para «buscarme la vida» como docente. Allí conoció la obra sobre gramática, crítica literaria, ensayos breves… de Andrés Bello

Nicolás Guerra Aguiar

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 9 de febrero 2024

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Hace días me cafetiaba un exquisito buchito en grata compañía, un ex alumno de Latín del Instituto Pérez Galdós, siglo y milenio pasados. Javier Relloso Pérez es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales ya prejubilado, su empresa le ofreció muy ventajosas condiciones al iniciar la reestructuración de la actividad comercial.

Por suerte lo cogió en su segunda juventud... pero sin haber entrado en los sesenta añitos de la vida, el inicio de la tercera (la iuventus latina). Y charlar sin prisas con una persona noblota, inteligente y lectora a la cual uno aprecia bastante desde la época de las aulas resulta grato, enriquecedor, formativo. Y de paso vale para recordar los años pasados en «el Pérez» pero -eso sí- sin añoranzas, sensibleras nostalgias o estériles evocaciones ('tempus fugit!', '¡El tiempo huye, se escapa!')

A fin de cuentas cuatro horas semanales en el aula durante un curso completo son muchas horas -ciento y tantas- cargadas de experiencias. Durante ellas los alumnos se ven forzados a seguir movimientos, explicaciones y a veces impertinencias o contradicciones del docente. Y cuando tras dos, tres, cuatro decenas de años son ellos quienes se dan a conocer, saludan afectuosamente y eliminan el recíproco «usted» que usábamos para el trato, uno intuye que permanece al menos un cierto afecto personal y un 'algo' de reconocimiento al exprofesor.

Nos separan diecinueve años, casi los mismos que me distancian de quien fuera mi maestro de Lingüística General -don Ramón Trujillo Carreño- en la Universidad lagunera, Facultad de Filosofía y Letras. Por tanto, si aplicamos algunos apartados de la maquinaria generacional de Petersen (puro planteamiento teórico), los tres pertenecemos a distintas generaciones... y es bien cierto, se nota. En definitiva: un exalumno, un ex profesor universitario (don Ramón) y en medio un setentón, mi menda lerenda, para servir a Dios y a usted.

Lo cual, dicho sea de paso, siempre significa provecho. Con don Ramón aprendí, fundamentalmente, la visión crítica y racional de lo lingüístico. Con Javier y otros ex intento ponerme al día de las nuevas y variadas transformaciones (todo fluye…) desde la perspectiva de quienes viven lo social y lo real de manera más intensa y, claro, con otro enfoque. Así, nuestros puntos de vista no siempre son coincidentes. Incluso en momentos pueden parecer divergentes, alejados. Tales discordancias dan lugar a discusiones... rigurosamente respetuosas (¡saben que se juegan el aprobado en junio, esa ventaja me llevan!) Y siempre termino con nuevos caudales enriquecidos por sus aportaciones.

(Permítame, estimado lector, un paréntesis propiamente dicho. Acabo de usar adrede la palabra «discusiones» para entenderla no en el sentido tradicional y muy generalizado, pues discutir no es gritar, agredir verbalmente o, incluso, a la piña limpia. Por cierto: la secuencia «a la piña limpia» es un americanismo usado en Canarias -¡otro más!-, Argentina, Cuba, Bolivia, Paraguay, Uruguay... con significado de 'a puñetazos'. Además, la palabra piña -Canarias y Nicaragua- puede relacionarse también con un racimo: la usamos para referirnos al «conjunto de frutas sostenidas por un eje común», «piña de plátanos». Y ese «eje común», recuerdo, se sajaba con el naife para echarles los trozos a los animales en el alpende o gañanía.)

La conversada con mi exalumno me retrotrajo a mi exprofesor. Conocí a don Ramón como persona, fuera del aula. Descubrí, al paso del tiempo, su pensamiento político: mostraba con mucha prudencia su vena republicana de izquierdas. Me habló de su migración a Venezuela para «buscarme la vida» como docente. Allí conoció la obra sobre gramática, crítica literaria, ensayos breves… de Andrés Bello. Tal fue su influencia que ya retornado fundó y dirigió el Instituto Universitario de Lingüística Andrés Bello, dependiente de la lagunera Universidad.

A otro coleguilla (Ramiro) y a mí nos encomendó un trabajo práctico en el departamento de Lengua, ajeno a la tarima de clase. Andábamos con unas fichitas rectangulares, amarillas, perforadas en la parte superior. Escritas a mano por él, debíamos agruparlas según contenidos lingüísticos, pues eran producto de sus investigaciones en Masca, pequeño reducto poblacional entre barrancos e intrincados caminos (municipio tinerfeño de Buenavista del Norte).

Posteriormente fueron el cuerpo de una publicación, Resultado de dos encuestas dialectales en Masca, 1970. Y de ahí arranca mi entrañable aprecio y grandísima admiración por el profesor: despertó en mí la inicial curiosidad por nuestra variante dialectal, el español hablado en Canarias y, después, el mayor interés por su estudio. Y como don Ramón me aclaraba todas las dudas, tuve la oportunidad de aprender un método de trabajo, un sistema para, años después, mis posteriores visitas a pie a los Altos de Gáldar, Sardina... mientras buscaba romances trasmitidos por expresión oral, rezados, dichos, expresiones, léxico... gracias a paisanos que no tuvieron reparo alguno para convertirse en mis informantes.

Luego, le perdí la pista físicamente a don Ramón. Pero a través de ('madurados') compañeros de promoción recibía noticias de sus investigaciones, publicaciones… Así, de un largo listado destaco un mínimo de su currículo: fue uno de los fundadores (y primer presidente) de la Academia Canaria de la Lengua; miembro correspondiente de la Española; profesor honorario, profesor visitante, miembro de honor de varias universidades…

Al paso de veintinueve años aceptó mi invitación -al igual que el magistrado en excedencia don Eligio Hernández Gutiérrez- para presentar en el Club La Prensa ('El Día', Tenerife) el estudio que el Centro de la Cultura Popular Canaria me había publicado, 3 consejos de guerra y 1 'Consejo de paz'. De Sagaseta a Lezcano. (2001).

Trece años después (2014) también colaboró en otra presentación (Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, Puerto de la Cruz). Lo acompañaba uno de sus alumnos predilectos, el también académico y catedrático universitario don Marcial Morera Pérez, cuya científica autoridad me guía. Se trataba de mi primer trabajo en formato libro sobre temas de lengua: Voces de nuestra lengua. En torno al castellano o español, edición que debo a Jorge Liria Rodríguez y Victoriano Santana Sanjurjo (ANROART). En él incluyo un apartado dedicado a la variedad lingüística canaria (la presencia de don Ramón…).

Sí, estimado lector. Aprendo de mis exalumnos, me mantienen al día para evitar anquilosamientos y exclusivas permanencias en el ayer, inmediato para ellos y más lejano para mí. Y permanece conmigo la palabra, sabia e insistente, de un exprofesor a quien debo mis primeros impactos en este apasionante mundo de la lengua.

Pero bien es cierto: 'Sic transit gloria mundi', 'Así pasa la gloria del mundo'. No puede usted imaginarse, apreciado lector, la grandísima alegría al encontrarlo -«Me dejo pasear por la perra» - una tarde santacrucera por la rambla, a veinte metros de un instituto, El Chapatal… (Pero el alma se me abrió cuando descubrí, al rato, que los años impactan sus golpes naturales…)

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