Navidad:¿economía o salud?

En cada autonomía, en cada municipio y en cada empresa o domicilio también se ha planteado

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

La proximidad de las navidades y el hecho de que el estado de alarma se plantase por seis meses ha llevado a dirigentes políticos y a representantes empresariales a alertar de la posibilidad de que se pierda la campaña navideña, en especial si hay confinamientos o cualquier otra medida que lleve a la gente a quedarse en casa y renunciar a las compras, las comidas y todo lo que, en cuanto a consumo, está asociado a esas fiestas.

Según algunas estimaciones, estamos hablando de un tercio de la facturación anual media de sectores como el comercio y la restauración. En el caso de comunidades como Madrid o Cataluña, con ciudades que se convierten en lugares de compra y de minivacaciones navideñas para residentes de otros lugares, es proporción se eleva de forma considerable.

Por otro lado están los profesionales sanitarios, que ya advierten de que estas navidades no pueden ser como las de otros años. Porque renunciar a la distancia social, aparcar la prudencia para que las familias se reencuentren, supone incrementar exponencialmente el riesgo de contagios. Y si lo unimos a que se trata de fechas donde la gripe también causa estragos, entonces estaremos creando el caldo perfecto para que el punto de ebullición lleve al colapso de los hospitales.

Es el debate ya conocido de qué anteponemos: ¿economía o salud? En cada autonomía, en cada municipio y seguramente en cada empresa o domicilio también se ha planteado. Aquí en Canarias la variante ha sido la de si queríamos turismo o queríamos seguridad sanitaria. A los turistas los echamos literalmente a las primeras de cambio, después fueron los países emisores los que nos señalaron como destinos no recomendables, y ahora, cuando estamos desde el punto de vista de contagios mejor que el resto del territorio nacional y que muchos otros destinos turísticos, nos damos cuenta de los riesgos de una entrada sin control y nos ponemos a inventar mecanismos de prevención que son, cuando menos, dudosos desde el punto de vista jurídico. Del práctico, también.

En medio de todo esto, con opiniones a favor de una cosa y de la contraria, me quedo con algo que escuché ayer en el debate en el Congreso de los Diputados. Más o menos venía a decir que en navidades todos queremos estar sentados en la mesa, pero quizás sea preferible que sea en mesas separadas por la distancia kilométrica, porque lo contrario puede suponer que falte gente a la mesa. Sencillamente porque un reencuentro sin garantías es un billete de lotería. Pero no para la del Niño, sino para morir.