El músico y la opinión

Recordemos a Van Gogh, que no vendió un cuadro y ahora la gente paga por ver un montaje audiovisual

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Antes de Quevedo, el cantante, hubo otro Quevedo: el literato. Además del nombre, ambos tienen en común que tuvieron alguna que otra controversia con coetáneos. Las de Quevedo (el del Siglo de Oro de las letras) con Góngora han quedado para la posteridad en forma de versos donde sobre todo el primero demostró ingenio y mala leche a dosis al 50%. Ahora Quevedo (el canario) ha añadido a su éxito como compositor y cantante la polémica al contestar a un comentario del crítico Fernando Neira incluido en un reportaje sobre el fenómeno musical que protagoniza el isleño. No es, como se ha dicho por quienes han oído campanas pero leen casi nada, una crítica firmada por Neira, reputado como pocos en su profesión.

El intercambio de golpes entre un músico y un crítico es alimento ideal para las redes. En todo caso tampoco es un episodio original: para la antología quedan las críticas de Boyero sobre las películas de Pedro Almodóvar, con una legión de lectores ansiosos por leerlas en cuanto el periodista las mandaba a imprenta y con otra legión de defensores del cineasta preparados para salir a despotricar del crítico.

Creo que sobra decir que Quevedo está en su derecho de cantar lo que le parezca, como también Fernando Neira en dar su opinión y, si así le parece, decir que no le gusta. Más aún: también está el cantante en su derecho de contestar al comentarista musical. Ni el artista es inmune a la crítica ni el crítico a la réplica (o la contracrítica, como se prefiera llamar). Otra cosa es que se pierdan las formas: lo digo mayormente porque creo que Quevedo comete un pecado de juventud al contestar a Neira con una foto en la que se muestran las posaderas. Si fuera el otro Quevedo, lo habría hecho con unos versos y podría haber quedado igual de faltón pero algo más original.

Si de lo que se trata es de silenciar las críticas negativas porque estamos hablando de alguien que tiene un éxito planetario, entonces el cantar (nunca mejor dicho) es otro. Estaríamos hablando de que quien triunfa está libre de todo análisis, con el añadido de que deberíamos primero definir cómo se mide ese triunfo: ¿en descargas en plataformas, en 'likes, en continuidad en el tiempo entre los más seguidos, o quizás por la presencia en los libros de historia? Evitemos las comparaciones pero recordemos que la historia del arte está llena de fracasos que, sin embargo, no quitan méritos al autor y su obra. Recordemos a Van Gogh, que no vendió un cuadro en vida y ahora la gente paga por ver un montaje audiovisual con sus obras.