Gianni Infantino. / EUROPA PRESS

Mundial de fútbol en el 28

«Para los responsables de las federaciones de Laos, Islas Feroe, Namibia, Samoa, Vietnam, Surinam, Gibraltar, Etiopía, Guatemala, Nepal, Aruba, Burundi, Guam o San Marino, el mero hecho de tener opciones a una cita planetaria cada dos años supone una panacea»

José Ramón Sánchez López
JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ LÓPEZ

La FIFA dejó bien patente al conceder el Mundial de 2022 a Qatar que el negocio es lo realmente importante; siendo el fútbol, la teórica base del asunto, un mero instrumento sobre el que articular la entrada de divisas. La competición se celebrará entre el 21 de noviembre y el 18 de diciembre, para desparrame de los torneos anuales. Nada de Champions y calendarios ligueros por esos días. Y para antes y después, nada que ver con lo que conocemos.

Y como la pela es la pela; y dado que la FIFA ha visto que pueda hacer y deshacer a su antojo, amparada en un centenar largo de federaciones de medio pelo, pero que son en número muchas más que las que dan al fútbol la calidad y empaque competitivo que todavía disfrutamos (Europa y América del Sur), ya se están tomando medidas para que el Mundial se celebre cada dos años. O sea, Gianni Infantino y los suyos harán lo que sea para que tras el Mundial de 2026 venga el siguiente en 2028, año de Juegos Olímpicos de verano y de Eurocopa.

Para los responsables de las federaciones de Laos, Islas Feroe, Namibia, Samoa, Vietnam, Surinam, Gibraltar, Etiopía, Guatemala, Nepal, Aruba, Burundi, Guam o San Marino, el mero hecho de tener opciones a una cita planetaria cada dos años supone una panacea. Quizás alguno en la aspiración de que el balompié puede ayudar al progreso social de su territorio. Mas mucho me temo que son los menos frente a los que priorizan las buenas dietas y el tráfico de influencias.

Por de pronto, la UEFA y buena parte de la Conmebol, así como el COI, van a batallar. Y veremos cómo acaba la disputa. Pase lo que pase, a los aficionados nos tocará, si acaso, ser meros espectadores. De nosotros sólo les valen nuestras famélicas carteras.